No sé en qué momento comencé a sufrir lo que he denominado como: Síndrome Indie. Creo que siempre me ha gustado de alguna manera esta música.

Si lo miramos con perspectiva, el fenómeno indie nacía en Gran Bretaña durante la década de los años 80. A esta corriente musical, se le denominaba así debido a la independencia de los sellos discográficos. Normalmente eran grupos con influencias del New wave, punk rock, post punk o el  pop y que tienen sus raíces en bandas de los años 60 como The Beatles o The Beach Boys.

Podría extenderme mucho más en conceptos, pero con esto bastará para saber de lo que estoy hablando. Si os nombro grupos de los años 90 que representen este movimiento, podríamos mencionar a  Pulp, Oasis, Radiohead, The Verve, Suede,… creo que os podéis hacer una idea de por dónde voy.

Aquí en España tuvimos nuestro pequeño momento de inspiración. Bandas como Surfin Bichos, Planetas, 091, Australian Blonde o Piratas, traían sonidos distintos en un momento necesario para los que buscábamos sonidos nuevos. Llegamos a vivir lo mejor de lo peor.

Ahora muchos de estos temas son chill out para dormir. En estas recopilaciones podemos encontrar también éxitos del punk … imaginad. Supongo que he vivido muchos cambios e incluso un cambio de siglo, pero las cosas son demasiado distintas ahora. Todo cambia, para bien o para mal.

Dejamos a alguien encargado de parar el reloj para que las cosas siempre quedaran como estaban, pero se voló la cabeza. Quizá es lo mejor porque si ese mesías siguiera vivo, ya no pensaría en morir, solo en ganar.

Los grupos que vivían en la independencia fichan ahora por multinacionales y son escuchados hasta la saciedad en pesadas radio fórmulas. Todo está al alcance del gran público y cuanto más te machacan con algo, más nos gusta.

El músico más independiente hoy toca éxitos del pop español en un hotel de Montjuic para pagar el alquiler. Vivimos en una década en la que bandas consideradas indies, son los nuevos mesías de los más jóvenes sin reparar  en si el disco suena bien o no. ¿Y qué más da? Lo importante es hacer un disco rápido para poder tener material nuevo y salir deprisa a la carretera para seguir tocando.

Si además lo pueden compaginar con anunciar una marca de cervezas y rodearse de jovencitos modelos que cantan cosa fina al lado de cinco puretas cuarentones, pues mejor. Luego ya harán declaraciones sobre el tema alegando que necesitaban la pasta porque nadie vive de vender discos… pero sin embargo, son número 1 en ventas.

Otros prefieren copiar literalmente la prosa, el estilo y la voz de quien está ya arriba saboreando las mieles del éxito y vivir del cuento. Yo no digo que esté mal copiar, todos copian, yo soy el primero que copio, pero, ¿calcar? Eso ya es jugar en otra liga.

 Te estás aprovechando del tirón de otros para repetir sus pasos y lo peor es que funciona. Cosas que sólo pueden pasar en nuestro país de pandereta. Aquí todo está permitido. El único problema es que los que empezamos a alcanzar cierta edad adulta, nos damos cuenta de la jugada y vamos buscando otras cosas y otros lugares.

El indie es para adolescentes. Carne de cañón para festivales de verano en los que todas las bandas suenan igual. Y es una pena, porque movimientos así nacen por una demanda y una oferta en un momento de la historia en el que era necesario. Ahora es sólo adjetivo, una moda, una forma de vestir, de peinarse…

Nunca sabré como hemos llegado a esto. Son las luces y sombras de una generación a la que pertenecí pero que se me escapa de las manos y a la que jamás daré las espalda.

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