Por Ana Romans | México

A lo largo de los años en que me dedico a las artes performáticas: actuación, canto, danza… fui descubriendo que muchos principios fundamentales para estar en escena, eran bien acompañados por la práctica de Yoga, mi otra pasión.

Con el tiempo fui viviendo lo uno de la mano de lo otro, como un todo complementario y conociendo muchos artistas que también son yoguis comprendí  que esta unión tiene más de una razón de ser.

Estos son algunos aprendizajes de los tantos que he encontrado en el camino y los comparto con vos:

Disciplina y decisión:

Para entrenar tu cuerpo, tu mente y tu espíritu. Hay un tiempo que destinaste a tu práctica de yoga, a la creación de tu espectáculo, a tu ensayo, a tu momento de escritura o pintura. Ir a practicar, a encontrarte con la acción es un gran trabajo: ningún día es igual a otro. Tu compromiso es llevarte hasta el lugar y respetar tu compromiso, lo demás sucede en el hacer. Tené presente que “practicar es intentar” y siempre que estés intentando estarás avanzando, profundizando.

Aceptación de lo que hay:

Dejar pasar a la voz que juzga. Puede ser que empieces por compararte con otros, o con tu maestro/a. Observar que tenés limitaciones, que hay cosas que no podés hacer, es sano, sin embargo no deberías estancarte ahí. Es muy importante que reconozcas tus limitaciones y puntos débiles para aceptarlos. Sólo en ese momento podés empezar a crecer: desde la honestidad con vos mism@.

Estar en eje:

Al alinear tu cuerpo y tu esquema óseo no es sólo saludable para tu cuerpo. Estar en eje es un gran aprendizaje que se aplica a la vida y al arte. Te enseña a elegir una postura saludable en tu vida, respetándote a vos mismo primero, ser capaz de dar y recibir, sin que eso implique “perder tu centro”. En cualquier proceso creativo es importante estar en eje, para que el camino sea placentero.

Dejar pasar los pensamientos como nubes:

El yoga es una meditación en movimiento en la que la mente se va calmando con el tiempo de práctica. Al escucharte a vos mism@ vas a notar que tu mente tiene diferentes “voces”. La idea durante la práctica no es que intentes luchar contra éstas, sino que las dejes fluir. Pronto vas a poder identificarlas y saber cuál es la voz engañosa de la mente perezosa, y cuál la de tu maestr@ interior. Todo es parte tuya, y podés elgir qué dejar ir y con qué quedarte.

No hacer nada:

Hay momentos de la práctica de yoga, como en la vida y en los procesos creativos, en los que no hay nada que hacer. Estar en savasana (postura acostada boca arriba), por ejemplo, te enseña a entregarte a la fuerza de gravedad. En esta postura, como en otras, aparece la pasividad activa: Estás no haciendo nada activamente y con consciencia de soltar tu cuerpo y entregarte a que ocurra lo que deba ocurrir. Esta postura es fundamental al terminar tu práctica de yoga para absorber beneficios y reequilibrar la energía del cuerpo. También es una buena idea para aplicar al final de un proceso creativo, o cuando hay una traba: sólo podés dejar que la obra sea por sí sola. El resultado es sorprendente: puede haber mucho para encontrar cuando dejás de hacer realmente.

Espero que me escribas sobre tus aprendizajes! El camino es largo. Yo mientras tanto, sigo practicando segura de una cosa: tanto el Yoga, el Arte y la vida, son una excusa para evolucionar y ser nuestra mejor versión.

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