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Por Rob Martínez | @RobMartinezz

¡Estoy agotado!

Así iniciaba Pablo nuestra charla. Un amigo al que visito unas tres veces por año. Él, desde hace poco más de 2 años, trabaja por su cuenta. Dirige un pequeño emprendimiento de consultoría y aunque es lo que siempre soñó hacer, hoy me cuenta que no quiere saber nada más de ese, su trabajo, su pasión, su todo.

La rutina que abraza a Pablo lo había llevado hasta un lugar tan lejano de su zona de confort que ni siquiera podía darse esos placeres de la vida: días libres, horas muertas, tardes de café durante la semana, largas vacaciones o siquiera acostarse a dormir en un horario razonable. Pablo, así como muchos se considera emprendedor de tiempo completo, esos que en sus inicios leyó cada artículo del tema, participó en cuanto taller de networking era invitado, aprendió acerca de herramientas tecnológicas impensadas para mantener esa energía productiva necesaria, esa que nos caracteriza a los que decidimos ser nuestros propios jefes.

Justo en esa época temprana, Pablo irradiaba pasión, enamoraba con sus anécdotas, proyectos y talento que aún sin saber si realmente lo poseía, resulta cautivador conocer a personas que desean hacer las cosas, aun en un campo tan competitivo. Pero, ¿no todos comenzaron así?

Lo curioso del caso es que corren dos rumores en los pasillos del camino emprendedor: es fácil renunciar a tu sueño y a pesar de los fracasos también resulta sencillo continuar luchando por alcanzar la meta, me pregunto ¿cuál es la verdad absoluta? En el caso de Pablo, quien se definía enamorado del oficio que había elegido, su situación ya estaba bautizada por los expertos, mi amigo padecía de burnout laboral.

El síndrome: burnout

Quizás te sorprenda el nombre que le han dado a este síndrome pero si estuviste involucrado en ambientes de trabajo demandantes y poco estimulantes lo debes haber experimentado y superado sin darte cuenta de ello. En el caso de Pablo, el burnout tocaba a su puerta y quedaba esperar si lo dejaría entrar o haría algo al respecto.

Expertos en profesiones relacionadas a la salud física y emocional como médicos y psicólogos señalan que los  síntomas más comunes son depresión y ansiedad, dados por excesiva carga de trabajo, malas relaciones con los equipos, ausencia de apoyo dentro de su entorno y la ansiedad generada por cumplir diversidad de funciones, muchas hasta sin ningún conocimientos ni experiencia previa.

Los emprendedores, quienes están destinados a convertirse en líderes de sus organizaciones se encuentran cara a cara con este síndrome y deben estar atentos para identificar cuando se convierte en un obstáculo que debe ser tratado por un experto para así no afectar su desempeño:

“Todo estaba en su cabeza”

Una noche, Pablo comenzó a sentir la necesidad de levantarse de la silla y comenzar a correr por toda su casa. Estaba muy nervioso, salió al balcón y tomó aire. Nada en específico lo había empujado a eso, solo sintió la necesidad de hacerlo. Siguió con esa gran energía fluir dentro de él pidiéndole movimiento, como si una mezcla de nerviosismo, adrenalina y coraje se apoderaran de su cuerpo. Los nervios no tardaron en aparecer y su mente comenzó a jugarle trucos, decía que sufría un ataque al corazón, pero no era así. Tras una hora, volvió a la calma y quedaba en el olvido, pero el episodio se repitió 4 veces más durante ese mismo mes.

Cuando tomó  el valor para  ver a un médico, esperando alguna arritmia cardíaca, intoxicación o cualquier “diagnóstico común”, la receta fue ir a ver a un psicólogo, porque físicamente se encontraba en perfectas condiciones y “todo estaba en su cabeza”.

Ese día Pablo entendió que para enfrentar lo que le ocurría solo hacía falta analizar su rutina, entorno, calidad de vida, y solo así podría darse cuenta que esa era la causa de los episodios que derivaron en un burnout laboral.

La expresión con la que inició aquella charla reflejaba que había perdido el control de su proyecto y cada área de ese plan estaba bajo su entera responsabilidad, alejándolo de una coherente carga de trabajo a un abismo en el que empezaba a detestar lo que hacía. Con el tiempo tomó la decisión de hacerse sus horarios, calendarios de entrega, agenda de compromisos, comenzó a tomarse descansos y a hacer actividades para su distensión, y si alguno de estos planes no se podía dar, decidía no forzarlos.

En su caso, el burnout fue mutando para luego desaparecer y cuando su mente volvió a sentir aquella imperiosa necesidad de levantarse de la silla para salir corriendo, ahora se calza unos tenis, llama a su perro, y salen a dejar el estrés y la ansiedad en 2 kilometros de carrera.

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