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Por Eliana De Santis | Argentina

La implicancia de la escuela

Se evidencia que durante los últimos años ha habido un incremento de niños diagnosticados con TGD. Dicha patología puede ser descubierta a partir de los 2 años de edad con el desarrollo del lenguaje en su doble función: comunicación y lazo social. Sin embargo, dicho trastorno puede ser evidenciado durante los primeros años de escolaridad.

Es en este punto, donde la comunidad educativa es protagonista en el acompañamiento del niño y de la familia, además de la importancia del abordaje interdisciplinario, ya que es necesario realizar un diagnóstico diferencial integral para no caer en rotulaciones o etiquetas imprecisas que sólo encasillan al niño como “caso” sin tener en cuenta sus particularidades.

El Trastorno General del Desarrollo principalmente se caracteriza por afectar el área de la comunicación predominando ecolalias en su lenguaje, un pensamiento estructurado y literal, el área social donde sus principales dificultades radican en el reconocimiento de expresiones, emociones y afectos además de la capacidad para relacionarse, y el área de intereses y actividades las cuales suelen ser restringidas, estereotipadas y repetitivas. Pueden presentar estereotipias gestuales, tics, muecas y deambulación, además de una muy baja tolerancia a la frustración.

Si nos centramos en el acompañamiento de la escuela, éste abarcará el nivel del aprendizaje bajo sus diferentes formas, ya sea especial, integradora o inclusiva. Es importante trabajar en equipo con psicopedagogas y fonoaudiólogas, profesionales destacados en el tratamiento de TGD, entre otros. También el acompañamiento escolar incluye el nivel social.

En mi quehacer profesional dentro del campo educacional como Licenciada en Psicología, desempeñando diferentes funciones,  me ha sido de gran utilidad trabajar con herramientas teóricas y prácticas cognitivo-conductuales.

Los pictogramas (imágenes) son un excelente recurso para reconocer las emociones y expresiones (llorar, reír, gritar, triste, contento, enojado, sorprendido, entre otros), y para trabajar hábitos y rutinas. En los adolescentes, se utilizan organizadores (pautas de comportamientos, de relación, de comunicación para ser incorporados a través de la repetición y el refuerzo) Cabe destacar, que dicho recurso no rigidiza el pensamiento sino que favorece la comprensión de las situaciones a partir de diferentes formas de acción. Por ejemplo, hay niños o adolescentes que no tienen aprehendido el “hacer amigos”. Es necesario construir el concepto de amistad mediante pautas claras y concretas elaborando algunos patrones de comportamiento que representen tanto el acercamiento como el alejamiento, la comunicación y el afecto como así también la carencia de los mismos. Es importante trabajar desde la simpleza, lo concreto, la templanza, la paciencia sin caer en subestimaciones.

Otro punto a tener en cuenta es la literalidad del pensamiento, el cual impide comprender enunciados complejos y abstractos, por eso también, el niño puede ser  blanco fácil para ser cargado en la escuela manifestando una baja tolerancia a la frustración. Como agentes educadores debemos estar atentos ante este tipo de situaciones sin exponer al niño o adolescente ni tampoco a sus compañeros, sino trabajar desde el respeto y tolerancia de las diferencias tanto de unos como de otros.

Existen instituciones que proveen como tratamiento complementario el trabajo desde las habilidades sociales y comunicativas, según mi criterio es muy acertadas.

Conocer un poco más esta problemática nos habilita a pensar la implicancia que cada uno tiene en su rol y profesión. Que cada abordaje es pertinente  y que el trabajo en equipo es fundamental.

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