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Por Joale Aristimuño | Venezuela

Emociones… hay quienes las sentimos de manera más intensa que otros, incluso tan intensas que cuando caemos en sí, la bola que los envolvió es tan arrasadora como una misma bola de nieve. Querer / Amar sin medidas, decían… pero ¿hasta qué punto debe ser demostrable y en qué momento hay que controlarlo?

Las bolas de nieve se forman por diminutas partículas que al rodar por una pendiente, va sumando millones de ellas hasta convertirla en una gran y destructora bola, que puede llevarse todo a su paso. Igual sucede con los sentimientos, si se acumulan y no se expresan o si se expresan y se satura al receptor.

Si soltamos una partícula de sentimientos en una pendiente, podemos vernos envueltos en una bola de nieve que a su paso agigantará las ganas de ser atendidos y por el contrario, corre el peligro de seguir creciendo y llevándose por delante razones desconocidas por los propios sentimientos. Las emociones tienen la particular característica de entender en una sola dirección, por ejemplo “expreso, expreso, y expreso sentimientos… y poco escucho a la parte contraria” y eso pasa cuando se está tan “seguro” de lo que sientes.

Cuando las emociones se vuelven intensas, y descuidan la contraparte, la bola de nieve / sentimientos, como en su formato circular y partiendo de que la tierra es redonda, puede pasarle por encima a todo el mundo, pero en algún momento se detendrá, bien porque te des cuenta del mal que haces, o porque ya es demasiado tarde y ahora estás tú bajo todo su peso.

De ahí entonces y toda la razón a eso de “los radicalismos no son buenos” ¡Y para nada! Sin duda hay que vivir la vida intensamente, pero para cada uno, sin intensidades para lo externo. ¡Qué difícil se torna la gente intensa! Esa misma que se aferra a las cosas materiales, a los que buscan problemas y no ofrecen soluciones, a los que solo piensan individualmente y no por los beneficios de sus semejantes.

No permitir que los sentimientos y emociones se conviertan en una bola de nieve, y que por el contrario fluyan como agua del río, sobre su cauce natural y sin presiones externas. Separarse de la primera persona y observar desde la perspectiva de una tercera, cuestionar lo malo, corregir y afinar lo bueno de las emociones y sentimientos, canalizar cada una de las intensidades a la justa medida de quien lo merece y pueda recibirlo.

Detén la bola de nieve en la que has envuelto los bonitos sentimientos y que ahora han enfurecido y pueden ir en contra de lo que más valoras. No hay que esperar que la bola siga sumando partículas de intensidades.

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