La historia del hombre se ha visto marcada por trascendentales guerras, que de cierta manera han definido la organización del planeta en cuanto a lo social, económico, político y hasta cultural.

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Un pleno Siglo XXI, es difícil conocer a alguien que piense que las diferencias se solucionan con el camino simple de la guerra, lo paradójico del caso es que aun cuando “la gran mayoría” de los habitantes de especie humana que habita este planeta, busca la paz, una “gran minoría” realiza aportes para conseguir esta meta.

El día que comprendamos que la paz no es un tema de presidentes ni de gobiernos, sino de todos y cada uno de nosotros, yo FABIO ANDRES OLARTE ARTUNDUAGA, estoy plenamente convencido de que estaremos habitando un mundo mejor. De nada me sirve hablar de paz, cuando a las 8 de la mañana al salir de casa con rumbo a la universidad o el lugar de trabajo, empiezo mi día con todo el egoísmo casi que tradicional que demuestra el hombre. Hay dos casos puntuales, el primero es el siguiente: Si tengo auto particular; pretendo convertirme en Michael Schumacher y de una manera casi que suicida, recorro las calles de la ciudad (cada día más poblada), sin importar mi integridad primeramente ni mucho menos la de los demás ¿Por qué se da esto? Por una sencilla razón, porque YO soy el de la prisa, porque YO soy quien va tarde para ese lugar y porque YO no quiero soportar el tráfico que a esa hora es imposible.

El segundo escenario, es si tengo la obligación de usar el transporte público; sin importarme la edad del señor o del niño que este adelante mío en el lugar de la parada del autobús o estación de metro, trato de avanzar lo más pronto posible para estar en donde debo estar a tiempo, empujo, forcejeo, hago mala cara, en ocasiones peleo con el conductor, grito, etc. Y ¿Por qué se da esto? Por una sencilla razón, porque YO soy el de la prisa, porque YO soy quien va tarde para ese lugar y porque YO no quiero soportar el tráfico que a esa hora es imposible. Como vemos, el resultado es el mismo. Estamos empeñados en seguir viviendo desde el egoísmo, y es que egoísmo no es igual a no compartir “nuestra riqueza”, sino dejar de funcionar como sociedad y convertirnos en unos entes individualistas que no vemos como el mundo a nuestro alrededor sigue girando para casi 7 mil millones de personas más.

La paz surge desde lo más simple, con esto solo quiero decir que si algún día YO, al partir de mi casa, encaro el día de forma diferente voy a notar un cambio y una tranquilidad absoluta en mi vida y que si lo llegáramos a hacer todos, haría que este pedazo de tierra en donde estamos parados, sea un lugar mejor. Es difícil que mi mensaje llegue a todos, pero si esto lo convertimos en una campaña voz a voz, vamos a convertir al planeta en lo que en realidad debería ser. Un mundo donde sea más fácil recibir de vuelta una sonrisa y no una mala mirada como sucede hoy en día, un mundo donde todos en realidad seamos hermanos y no casi que enemigos de todos los demás. Así que les hago la invitación a que dejemos el egoísmo de lado, que empecemos a pensar de forma más colectiva. ¿Saben cuál sería la mejor prueba para demostrar eso? Simple, saber que ese cambio no se va a dar en un día, ni un mes, ni un año, ni una década; pero si tal vez, para nuestros hijos y nietos, este espacio donde se desarrolla nuestra existencia sea un lugar mejor.

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