La crisis de la salud en Argentina es muy grave. En este artículo te detallo todos los pormenores.
El Día Mundial de la Salud se conmemora cada 7 de abril, desde 1950. La fecha fue elegida por coincidir con la fundación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1948, un organismo internacional que nació con el objetivo de coordinar políticas sanitarias a nivel global, promover la salud y luchar contra las enfermedades en todas las regiones del mundo.
La salud, entendida como un estado completo de bienestar físico, mental y social, trasciende la atención médica. Está estrechamente vinculada con condiciones como el acceso al agua potable, la alimentación adecuada, la vivienda digna, el trabajo seguro, la educación, y la equidad.
Según la OMS, cada año mueren cerca de 300.000 mujeres por causas relacionadas con el embarazo o el parto, y más de 2 millones de bebés pierden la vida en sus primeras semanas. Mejorar el acceso a servicios de salud de calidad, respetuosos y seguros para las mujeres y los recién nacidos es clave para cambiar estas cifras.
En Argentina
La crisis de la salud en la Argentina no es un problema de gestión ni una consecuencia inevitable del ajuste. Es una decisión política sostenida, ideológica y consciente. Se apoya, además, en algo más inquietante todavía: la aceptación social del descarte.
Actualmente, la salud dejó de ser un derecho a garantizar y se convirtió en un gasto a reducir. Esto no es una interpretación: es una línea de acción. El recorte del presupuesto en salud del 48%, llevó a la desfinanciación de programas de prevención, generó salarios muy bajos a los trabajadores que se vio reflejado en la desatención de los propios problemas de salud y la renuncia a la compra de medicamentos necesarios prescriptos para su atención.
Cifras
Se han publicado datos oficiales de la Dirección de Estadísticas e Información de la Salud (DEIS) mostrando que la tasa de mortalidad infantil pasó de 8 de cada 1.000 nacidos vivos en 2023 a 8,5 en 2024. El incremento del 6,25% representa el mayor salto anual desde 2002 y marca un quiebre en una trayectoria de descenso que llevaba por más de una década. En el otro extremo de la vida: el aumento de la mortalidad del 11% en adultos mayores de 65 es inclusive mayor que en la pandemia, época en la que fue del 10,5%, consecuencia, en parte, de que se retiró la gratuidad de remedios básicos a los jubilados los que además tienen menores retribuciones relativas mensuales para afrontar la supervivencia.
Si el sistema de salud cruje, estamos, en realidad, ante un genocidio en potencia por goteo. Hay un límite que ya fue cruzado. Cuando el Poder Ejecutivo deja de garantizar tratamientos vitales y el Poder Judicial mira para otro lado, un panorama kafkiano de una crueldad inusitada se convierte en normalidad cotidiana naturalizada. ¿Cómo está tu salud?
