Hoy quiero compartir con ustedes una experiencia que, aunque parece simple, me enseñó mucho sobre cómo enfrentarnos a nuestros miedos y darles un nuevo significado.
Me levanté temprano esa mañana. La casa estaba en silencio, todos dormían. Aproveché esa paz momentánea para desayunar sola, y mientras lo hacía, le escribí a mi amiga Dalila. Ella me iba a pasar a buscar para llevarme al cumpleaños de otra amiga. El plan era ir desde Pilar hasta Cardales, una distancia que calculaba en unos 45 minutos por ruta.
Aunque conduzco desde hace años, nunca me había animado a conducir sola hasta un lugar tan lejano. Mi auto estaba estacionado en la puerta de mi casa, y, aun así, le pedí a Dalila que me pasara a buscar. La razón era sencilla: tenía miedo de manejar sola por una ruta que no conocía.
Sin embargo, Dalila se quedó dormida. Frente a esto, tuve dos opciones:
A) Esperarla y arriesgarme a llegar tarde al cumpleaños, algo que de verdad quería disfrutar. B) Desafiarme, subir al auto y llegar por mí misma, a tiempo.
Esa fue la oportunidad perfecta para reflexionar sobre los miedos.
Los miedos son esos enemigos silenciosos que nos frenan, que nos paralizan y nos hacen dudar de nuestras propias capacidades. Pero también son aliados poderosos si sabemos escucharlos y trabajar con ellos.
Pueden detenernos o, si elegimos enfrentarlos, pueden impulsarnos hacia el crecimiento personal.
Yo elegí escuchar mis miedos, no para dejarme dominar por ellos, sino para poder manejarlos.
Aquí les dejo los tres pasos que seguí para enfrentar ese miedo y que pueden aplicar en cualquier situación que les genere temor:
1. Aceptar el miedo
Mi miedo no era simplemente manejar. Mi miedo era perderme y no conocer el camino. Aceptar el miedo implica validar lo que sentimos, no negarlo ni minimizarlo. Es reconocer nuestra vulnerabilidad sin juicio.
2. Atender el miedo
En coaching, siempre decimos que las preguntas poderosas nos llevan a respuestas poderosas. Frente a mi miedo, me hice una pregunta simple: ¿Qué necesito para disminuir este miedo? La respuesta fue concreta: asegurarme de que el auto tuviera suficiente nafta, tener el GPS listo, verificar la ruta, y tener todos los documentos al día. Esos pequeños pasos no eliminaron el miedo por completo, pero sí lo redujeron y me dieron la confianza necesaria para continuar.
3. Atreverse
Este es, para mí, el paso crucial. Una vez que aceptamos y atendemos nuestros miedos, lo siguiente es accionar. Aunque aún sientas algo de miedo, actuar es lo que realmente rompe la barrera. En mi caso, subirme al auto y comenzar a conducir fue el momento decisivo. El miedo disminuyó cuando tomé la acción, y eso fue lo que me permitió llegar a mi destino, contenta y orgullosa de haberme animado.
Al final de mi historia, llegué a Cardales a tiempo para el cumpleaños, feliz de haber tomado el control y no haber esperado a que alguien me sacara de mi zona de confort.
Esta experiencia me dejó algunas reflexiones que quiero compartir con ustedes:
- ¿Cuántas veces elegimos el camino conocido por miedo a perdernos, en todo sentido?
- ¿Cuántas oportunidades dejamos pasar por aferrarnos a lo seguro y a lo predecible?
- ¿Cuántas veces elegimos el camino más lento o tedioso solo porque es el que conocemos?
- ¿Cuántas veces nos quedamos en nuestra zona de confort, creyendo que eso nos da seguridad, cuando en realidad enfrentarnos a lo desconocido puede ser nuestra mayor fuente de crecimiento?
Hoy, yo desbloqueé mi miedo a manejar por una ruta desconocida. Pero, ¿qué miedo necesitas desbloquear tú?