Aún cuando el mundo de las apariencias y prepotencia existe desde hace siglos, a partir del año 2000 se ha visto un cambio trascendental en el curso de la humanidad (al menos en el mundo occidental), en el que vale más lo que tienes que lo que eres.

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No toda la población de este lado del planeta tiene que ver con lo que plasmó en estas líneas, claramente, pero si un alto porcentaje de la sociedad “moderna”. Pienso que todos saben de qué sociedad estoy hablando. Para quienes tengan duda, ahora les explicaré de qué tribu “racional” estoy hablando en particular. Son una masa altamente influenciada por un fenómeno que azota al mundo “la publicidad”, esa misma que hace comprar autos de alta gama, cuando muchos de sus compradores al tener el más leve percance con la máquina, deben dejar su auto estacionado días o hasta meses, puesto que no tienen dinero para repararlo, pero lo importante es decir “yo tengo un auto de marca x, y o z”.

Esos mismos que tienen trajes de famosos diseñadores, que hacen aplaudir a cientos de espectadores en las pasarelas de Milán y París, pero que saben que cualquier “mancha” que adquiera el costoso vestido les dolerá más que si se enteraran que su mejor amigo tuviera cáncer. Eso mismos que adquieren cuanto nuevo dispositivo electrónico aparece en un comercial (aún cuando no lo necesiten), con la justificación de que no pueden estar atrás de la tecnología, y tengan que bajar la calidad de su menú de un mes, para comprarlo.

Esos mismos que compran casas en codiciados lugares de las ciudades más lindas del mundo, sin importar cuantos años deban trabajar para pagarlas. Esos mismos que asisten a finos eventos y lugares de interés, sólo con el fin de capturar una fotografía para luego enseñarla en su “club de amigos” y así ser la envidia de todos ellos, sin importar que durante el evento, no salga de su cabeza el hecho de haber gastado tantos billetes verdes en tal evento.

Todos ellos, cada vez más pierden el valor de las pequeñas cosas. Yo la verdad pagaría lo que fuera por unas horas más un domingo en la cama con la persona que amo. Pagaría el resto de la vida, el vivir en paz y tranquilidad con mi familia. Trabajaría el resto de mi vida sin cansancio, por conseguir una sonrisa sincera todos los días en mi casa, trabajo y en la calle. Indudablemente, vendería todo lo que tengo para pagar una carga ilimitada de abrazos y caricias por parte de quien amo y por último cambiaría cualquiera de mis propiedades por ver feliz día a día a un anciano y a un niño.

No creo que este mal el adquirir productos y servicios puesto que es una “obligación” en  el mundo actual. Lo que no quiero es que un auto valga más que un “te amo” de parte de mi esposa o una reunión de negocios sea más importante que un “no te vayas papá” de parte de mi hijo, pero soy consciente de que estoy soñando mucho, así que los dejo en este momento para que sigamos con el ritmo desenfrenado de producción porque recordemos que la próxima semana es el lanzamiento de la última edición limitada de relojes suizos y por supuesto que debemos contar con unos cuantos dólares para comprarlo o sino estamos fuera de nuestro “grupo social racional”.

Nota del editor: Ridyn.com no se hace responsable por los conceptos emitidos en esta ni en cualquier nota publicada por los colaboradores, los textos son presentados sin edición alguna ya que creemos en la libertad de expresión en todo sentido.

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