Reconociendo las fases y aspectos importantes para enfrentarlo

Superar el duelo es posible en la medida que comprendemos las fases y emociones por donde se transita. Reconocerlas y asumirlas de manera consciente, forma parte de nuestro aprendizaje y evolución.

Generalmente los procesos de duelo se asocian con la idea de afrontar la tristeza y el dolor por la pérdida de un ser querido. Sin embargo, los especialistas en psicoterapia o psicología aseguran sobre variedad de situaciones que ciertamente están vinculados a este fenómeno.

¿Quién no se ha sentido afligido alguna vez por la pérdida de un trabajo, el rompimiento de una relación de pareja, salir de su país, mudanzas, el síndrome del nido vacío al ver crecer a sus hijos que parten a sus nuevos horizontes?

Todas estas situaciones sin duda, nos conectan con emociones que si no se trabajan o liberan de manera consciente pueden afectar notablemente nuestros estados de salud física, mental o emocional.  “Rumiamos las pérdidas de las cuales no hemos hecho el duelo, y eso nos impide vivir”, así lo señalan Schutzenberger y Bissone, autoras del libro: Salir del duelo.

Transitando las fases

Uno de los aspectos importantes para poder enfrentar nuestra pena y sobrellevar el dolor por las pérdidas tiene que ver con conocer cada fase que nos toca procesar.

Primera fase: la Negación

Si bien sentir dolor, es absolutamente normal frente a estos acontecimientos. Hay personas que hacen lo imposible para evitarlo reprimiéndolo, ocultándolo, aparentando que no pasa nada, cuando en realidad está allí en lo profundo de tu ser, pero no lo quieren ver, ni reconocer, justo aquí es donde puede residir la dificultad, porque en la medida que más se reprime la emoción, es posible que aparezcan síntomas o enfermedades que de alguna manera vienen a recordarnos que hay un ciclo abierto que necesita resolverse.

En este sentido, la recomendación es abrir paso a la segunda fase, que no es más que darnos cuenta y dejar salir el dolor. Es muy probable sentir deseos de estar en soledad y aislarse un poco para procesar las emociones encontradas, que pueden ser:  tristeza y hasta rabia con la vida, con Dios o cualquier persona involucrada a la experiencia.

Sin embargo, en esta fase, hay que tener cuidado de no permanecer por mucho tiempo. Asumir que la vida continúa y requiere de tu energía y disposición para seguir adelante. Hay un principio sistémico de la terapia de constelaciones familiares que dice: Que la mayor honra que podemos hacerle a nuestros muertos es con la vida, con nuestra felicidad y con nuestra entrega al momento presente.

La tercera fase tiene que ver con la aceptación, saber que estas situaciones muchas veces suceden por fuerzas mayores que sin duda escapan de nuestro control y comprensión. Ser humildes frente a ellas es fundamental siempre.  Y por último, esta fase a su vez nos conecta con la siguiente: la paz y la gratitud, es una gran oportunidad para agradecer por todo lo vivido, tomar en el corazón las experiencias de crecimiento, de compartir y de gran aprendizaje.

Saliendo paulatinamente:

A continuación, te proponemos algunas actividades o técnicas que pueden ayudarte a salir de manera paulatina de este estado y volver a encontrar la paz en tu corazón:

  • Toma un tiempo para ti y dejar salir tu llanto, tu dolor, tu rabia o cualquier emoción que surja y pueda ser libremente, sin reprimirla, ni juzgarte por lo que sientes.

 

  • A veces incluso puedes en tu cama golpear la almohada, patalear o gritar.

 

  • Puedes escribir una carta a la situación o persona con la cual estás involucrada con este duelo, manifestándole lo que sientes hasta llegar con tus escritos a agradecer todo los aprendizajes y regalos que te otorgó en vida.

 

  • Si en algunos momentos te cuesta de salir de alguna de las etapas señaladas, busca ayuda profesional con psicoterapeutas especializados de los cuales puedas recibir acompañamiento durante todo el proceso.

 

  • Una vez transitadas todas las etapas anteriores conecta siempre con la gratitud a la vida, en disposición con todo lo que te rodea, especialmente con tus seres queridos que te acompañan para seguir creciendo.

 

 

 

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