Por Maximiliano Reimondi

La era digital está provocando transformaciones en la sociedad a un ritmo frenético. Incluso el sentido clásico de la militancia política se ha visto alterado con una nueva manera de formar parte del proceso democrático. Es el conocido clicktivismo o activismo de sillón.

La acuñación de nuevos términos en la red es de lo más incesante. Uno de los últimos en aparecer es el de clicktivismo, un concepto que no indica más que la forma en la que muchos participan actualmente en política, haciendo uso de las redes sociales. Podría decirse que este es el activismo del siglo XXI, y es que los tradicionales foros de discusión han dejado paso a la pantalla del ordenador o al smartphone como elemento principal de canalización de las ideas políticas.

La novedad es considerable. Hasta no hace mucho, las computadoras eran vistas como fuentes de información o como aparatos con los que disfrutar del ocio o, simplemente, navegando sin un rumbo concreto. Desde la aparición de plataformas como Change.org o, simplemente, a través de encuestas y otras herramientas consultivas de redes sociales como Facebook o Twitter, la forma de expresarse políticamente o de buscar apoyos para una causa determinada ha cambiado sustancialmente. El clicktivismo puede ser visto de dos formas diferentes.

Por un lado, hay grupos que proponen que Internet es la mejor herramienta que ha aparecido hasta el momento para mantener una verdadera democracia participativa. Sin embargo, otros muchos ven el clicktivismo como una mera discusión de barra de bar que no aporta en absoluto nada a la sociedad. La realidad es que la situación se mueve de forma veraz entre ambas situaciones. Por un lado, Internet y su incesante flujo de información ha servido para que los jóvenes puedan tener un contacto más directo con la realidad que les rodea. Hablamos de jóvenes porque son los más propensos a participar de esta forma, ya que los mayores de 40 años siguen demostrando un gran apego a los canales tradicionales. Lo cierto es que las posibilidades son muchas y muy alentadoras, aunque puede tener algo negativo.

Las recientes polémicas relacionadas con la aparición de ‘fakes news’, noticias falsas que solo pretenden extender una mentira para cambiar la opinión de millones de personas, ponen entre paréntesis la efectividad de las redes sociales y su conveniencia para tomar decisiones políticas. Así, el clicktivismo podría estar bebiendo de fuentes peligrosas, un riesgo a tener muy en cuenta. En definitiva, es cierto que el activismo digital puede servir para involucrar más a la comunidad en la toma de decisiones políticas, aunque también tiene el peligro de dejar que las redes sociales tomen el lugar central que deben tener los foros de debate político y la búsqueda de información responsable por parte de los ciudadanos.

 

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