Del 4 al 11 de agosto, un clásico, en la ciudad de Mar del Plata, tuvo lugar la  18ª edición del Festival Internacional de Cine Clase A (MARFICI). Este año se realizaron exhibiciones en tres salas: Centro de Arte MDQ (Melany-Roxy-Radio City), Facultad de Derecho(Aula Magna) y el Centro Cultural Osvaldo Soriano, arrancaba todos los días a las 16 hs hasta las 23 hs, en continuado.

En esta edición, se contó con:

  • 13 largos documentales dentro de la competencia internacional de documentales: 14 largos documentales de los cuales tres son argentinos y el resto proviene de Italia, Alemania, Bolivia, México, España, Tailandia, Francia y Suiza.
  • 19 cortometrajes dentro de la competencia nacional.
  • 7 Cortos y cortometrajes dentro de la Competencia marplatense.
  • 6 cortometrajes y largos en el rubro Introspectiva.
  • 5 largometrajes que incluyen thriller, policial en el marco de Criaturas de la noche.
  • 2 largometrajes en memoria del cineasta independiente y docente canadiense Josephine Massarella, quien falleciera el pasado 22 de junio bajo el grupo de Tren de sombras.

 

Hace tres años seguidos acudo a esta cita. Es el sumun como parte de mis vacaciones de invierno. Si me preguntan diferencias entre BAFICI y MARFICI. En Buenos Aires abruma un poco, los catálogos de películas, son un libro, no permite procesar el universo de películas disponible.  Se termina eligiendo por azar. Amo MARFICI, porque no se necesita hacer colas previas para acceder a las salas, hasta el año pasado, era a sala única, con lo cual, era en Planta Baja o algún piso superior. Hay disponible funciones abiertas con  entrada  gratuita.

Si me preguntan ¿Qué me llamo la atención este año? Sus organizadores, en entrevistas lo niegan, pero los directores argentinos, años anteriores, llegaban emocionados al MARFICI presentando su opera prima o su segunda película, lamentablemente, noté ausencia de los directores argentinos. Me parece un logro que haya cortometrajes propios marplatenses. Porque demuestra con hechos el fruto de  la inversión en educación para fomentar la industria cinematográfica nacional. Es excelente, este surgimiento de polos de producción audiovisual.

En ese sentido,  otro  ejemplo de orgullo nacional  y de poca difusión, el Festival de cine Latinoamericano, el cual anualmente se realiza en setiembre donde hay excelentes muestras de los estudiantes y profesionales que salen de  las facultades de cine de Rosario y Santa Fe, principalmente. Otra característica distintiva, este año, ha sido en las películas internacionales, las temáticas abordadas.

En años anteriores, en las películas de origen internacional, la problemática era el delito, la marginalidad. Este año me llamo la atención, el énfasis puesto en temas como la educación: dos de origen nacional (“Arpon” de Tom Espinoza y “Los Sentidos” de Marcelo Burd ) y el otro un film mexicano ( “Ayotnizapa , el paso de la tortuga” de Enrique García Meza) basada en un hecho real. La lente puesta con inquietud sobre la calidad de vida del hombre y el medio ambiente con películas como “Appennino” de Emiliano Dante, donde cuenta cómo se vive y sobrevive a un terremoto, ó “Dreaming under Capitalism”, una excelente recopilación documental sobre el trabajo en sociedades ultraavanzadas y excelentes las documentales por el trabajo de investigación “Miguel Abuelo Et Nada”, un disco grabado por Miguel Abuelo, en 1972 (París),  la investigación de Agustín Argento, sobre la nula difusión atípica la grabación, por la conjunción de artistas que se unieron para armar este disco. Luego documentales que tocan la fibra sentimental fue “El silencio es un cuerpo que cae” con dirección de Agustina Comedi, nos cuenta y descubre a partir de cintas fílmicas, la  inclinación política y sexual de su padre Jaime, que le dejó cintas fílmicas, antes de morir.

Otra documental me caló hondo fue “Un exilio, película familiar” de Juan Francisco Urrusti, contando la historia de su familia de tendencia antifranquista, huyendo de la guerra civil española. Un exilio contado por sus protagonistas en primera persona, los abuelos del director,  con un excelente material de la época.

Esperaremos con impaciencia, que el ojo multicolor del MARFICI, el próximo año se vuelva encender, para que nos siga sorprendiendo en esta propuesta de recorrer el mundo,  aprender, reír y sufrir desde una butaca.

Déjanos tu comentario

Suscríbete a nuestro Boletín.

Recibirás más artículos como este.