Uno de los mejores delanteros de la historia del fútbol sudamericano, en estos momentos, está en el ojo del huracán. El uruguayo Luis Suárez ha llenado de polémica la Copa del Mundo de la FIFA Brasil 2014.

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Por Andrés Olarte / Twitter:  @ridyndigital

El incidente, ampliamente conocido por el mundo, se dio en los últimos minutos del partido, decisivo para acceder a octavos de final de la cita mundialista, entre el seleccionado oriental y la siempre poderosa Italia.

A escasos minutos del final del partido y con el marcador 0 a 0, lo que le daba la clasificación a los europeos, el delantero del Liverpool de Inglaterra clavó sus dientes en el hombro del defensor, italiano, Giorgio Chiellini. El árbitro mexicano Marco Rodríguez, a cargo del partido, no vio la jugada y el pistolero de Salto continuó en la cancha. Pocos minutos después la selección charrua ganó el partido a través de un tremendo gol de cabeza del defensor Godín.

Lo del delantero uruguayo no es nuevo. Se puede decir que recayó en la falta pues ya había mordido, en anteriores oportunidades, a sus rivales en Inglaterra y Holanda. Ahora, la decisión acerca de si existe o no una sanción para el ex jugador del Ajax está en manos de la FIFA.

La lluvia de críticas que han caído sobre los hombros del 9 de la celeste, como era de esperarse, ha sido impresionante. No hay persona en el mundo, amante del fútbol, que no esté hablando del tema. Todos ellos dan sus juicios de valor y me atrevo a decir que el 99% está en contra del goleador. Personalmente, soy un admirador furioso de Luis Suárez; pero más allá de mi admiración, como deportista de alto rendimiento, lo defiendo por otras razones. Me incluyo en el 1% porque tengo memoria y porque entiendo los distintos momentos de cada partido de fútbol como escenarios, individuales e independientes, donde todo puede pasar.

Por supuesto la acción de Suárez, desde mi punto de vista, es repudiable. Pero es que hay que entender lo que se buscaba. El delantero uruguayo, claramente, sabía las repercusiones de su decisión.

El fútbol es, probablemente, el deporte donde más afecta a los rivales tu poder psicológico. Luisito, en ese tema, es un maestro. Cada vez que pisa una cancha logra, de una u otra forma, sacar de casillas a los defensores y público del equipo contrario. El suceso con el cuadro italiano fue, desde mi óptica, la clave de la posterior clasificación a la siguiente fase del mundial. Todos los que, al menos una vez en la vida, hemos jugado un partido de fútbol que no podemos perder sabemos la caldera que es el césped.

Groserías, empujones, patadas…Todo parece ser válido por la mente de alguien que no quiera perder. Yo, la verdad, nunca he mordido a nadie en la cancha, pero si me dicen que un mordisco mío sobre la espalda de un brasileño lleva a mi Selección Colombia a la final del mundial lo hago. Sacar, psicológicamente, del partido a un rival no está penalizado por la FIFA. En 2006, Italia logró romper la mente de un auténtico caballero del fútbol: Zinedine Zidane. En 1986, Maradona sacó del partido a los ingleses con un gol con la mano. Así, hay muchos casos.

Finalmente, aunque la decisión de Suárez para muchos the fruto de la deshonestidad, para mí, fue todo lo contrario. Fue una jugada medida al ritmo del partido. La llave para dejar por fuera, en primera ronda, a una selección con 4 mundiales en su escudo. Suárez, seguramente, va a ser suspendido pero su magia, talento y picardia van a seguir llenando de polémica al mundo.

Hay pistolero para rato. Basta de hacer juicios éticos en un mundo donde esa palabra está en vía de extinción. Si alguien tiene el nivel ético de Sócrates, lo invito a que siga haciendo estos juicios; si no lo tiene no sea doble moralista y disfrute el mundial sin tanto drama.

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