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Por Rob Martínez

Estoy en Shiki, una pequeña ciudad de Japón donde durante cinco días pude ser testigo del secreto más grande de este país milenario: los japoneses tienen y protegen todas las sonrisas del mundo.

Japón siempre fue un maravilloso misterio para mí, aunque me atraía su capacidad de reinventarse, enigmática y fantástica cultura, la deliciosa comida que en occidente conocemos, sin duda con el pasar del tiempo se convirtió en un destino inevitable para seguir escribiendo mis diarios de viaje antes de que sea demasiado tarde.

Y qué felicidad haberlo visitado. Tuve la fortuna de hospedarme en la casa de una tradicional familia japonesa, la estructura nipona con su tradicional genkan (lugar donde nos descalzamos), los paneles corredizos conocidos como fusuma que dividen las habitaciones y la ausencia de cama sustituida por un futón al piso y que debo confesar ha sido toda una experiencia placentera.  Esta introducción no es más para contarte que estuve alejado del hermetismo de un hotel rodeado de turistas y de las comodidades occidentales que separan la experiencia local de solo un paseo superficial.

Cada día, salía muy temprano a las silenciosas e impecables calles de Shiki. Era inevitable no encontrarte con tus pensamientos, la paz, la serenidad, el sonido del viento, los pequeños campanarios en las ventanas se mantenían como hilo musical durante todo el camino a la estación de trenes. Al llegar compraba mi desayuno en un pequeño y lindo lugar atendido por un total de 8 empleados quienes desde el primer momento estallaban con una enorme sonrisa y en coro te decían kon-nichiwa, irasshaimase! (¡Hola, bienvenido!) y cada uno detenía lo que estaba haciendo y se dirigía a su puesto de trabajo para poder atenderte. Una especie de pelotón listo para brindarte el mejor servicio posible, ahí, en esa pequeña tienda de comestibles.

Era encantador poder encontrar tu mirada con la de cada uno de los vendedores, sonreír y realizar la transacción en segundos pero aun manteniendo contacto humano.

Desde el primer día, hablé sobre esto con mi gran amigo japonés Masaaki: ¿De qué se trata todo esto, qué motiva a los japoneses a brindar esta calidad de servicio? Su respuesta estallaría en mi conciencia y jamás la olvidaré: “Rob, esto es normal. Es decir, el japonés sea cual sea su trabajo lo va a hacer cada día mejor porque simplemente el trabajo que te sea asignado es una bendición, un compromiso y un gran honor porque te eligieron a ti y debes dar lo mejor. Es por esa razón que cualquier persona, en el rubro que sea, siempre brindará solo lo mejor de sí hacia su cliente y compañeros”  (…) Indudablemente no pude dejar de pensar en lo que en occidente hacemos llamar calidad de servicio y como este principio básico que me ha transmitido Masaaki, lo hemos olvidado hace mucho.

El recorrido continuaba  y no dejaba de encontrarme con grandes sonrisas no solo en trabajadores sino también en la gente que transitaba junto a mí: en trenes, autos, bares, cafés y restaurantes. Recuerdo que Chrsitopher (mi compañero de grandes aventuras) le cedió el asiento a una mujer japonesa que no podía controlar a sus dos pequeños hijos y al principio sonriendo le  agradece pero que no era necesario, Christopher insistió y ella tomó su asiento. Durante todo el camino ella y los pasajeros cercanos no dejaron de agradecerle a Christopher por el “gran gesto”.  Ni hablar de la comunicación alrededor de Tokio: campañas publicitarias, mensajes dentro de vagones, estaciones y comerciales de televisión están diseñados para conectar con empatía y asertividad convirtiendo el recorrido en una experiencia colorida y amigable.

Quería escribir esta nota sin recurrir a fuentes y presentar estadísticas sobre felicidad en Japón y no pude evitarlo, la curiosidad me llevo a ciertos rankings que hablan de lo “infelices” que son sus habitantes. Los ubican en puestos alejados del top 10 de ciudades más felices del mundo, se habla acerca de las tazas de suicidio y depresión pero ¿esto no ocurre en todos los países? Quizás Japón transmite estas cifras porque están decididos a no ocultar los números, equilibran estos problemas aumentando la conciencia social e incentivando a sus habitantes a que esta tierra es de ellos y deben protegerla y mantenerla en comunidad

En definitiva ¿qué es la felicidad? Es un concepto subjetivo que asociamos a que a pesar de las circunstancias nos reímos de las tragedias y no hacemos nada más o la felicidad es poder vivir la vida con sus diversos colores, aprender de lo ocurrido y trabajar como sociedad para estar preparados para lo inevitable (como un desastre natural) afecte cada vez menos o no volver a cometer errores que deterioren cada vez más lo que tanto nos ha costado construir. Los japoneses, eligen lo segundo.

La experiencia nipona no es para todos, tu mente debe estar dispuesta a recibir dosis de sonrisas desde el primer momento y una gran cantidad de origami al partir. Porque en definitiva, eso es lo que yo buscaba y no lo sabía, hasta que me fui de Japón.

 

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