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19 días y 500 noches Joaquín soñó con vivir mil fantasías en Buenos Aires.

Muchos de esos sueños de alcohol, sexo y noches que duraban hasta las 10 AM (o más) se cumplieron. Quizá uno de los más grandes de todos era ir a la Argentina y llenar más que barcitos. Años atrás eso se cumplió y, días antes de que la primavera arribara a América del Sur, se repite con una serie de diez recitales en los que pocas entradas quedan sin vender.

En “500 noches para una crisis”, el cantautor español invita a cantar y volar durante dos horas y media de show sin desperdicio en el que no abandona su traje verde, su bombín, su sonrisa pícara y su inconfundible sentido del humor.

Sabina tiene una relación muy peculiar con su público.

Es un poeta extraño que nunca tuvo una “buena” voz para expresar sus escritos. Las mujeres tienen una especie de amor-odio hacia el debido a su irrenunciable relación con las “chicas fáciles” y con la infidelidad. Los hombres, por su parte, se niegan a reconocer que lo que les gusta de su música es que representa el sueño de los “babosos”, es decir, poder conseguir a las mujeres que quieran cuando quieran y, a su vez, encontrar el amor.

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El sexo es algo que, según sus canciones, se consigue muy fácil sobre todo si se tiene un mapa mental de bares y un amor puro por invitar copas a las señoritas presentes en ellos. Pero hay un cierto respeto hacia las mujeres que supuestamente estuvieron con Joaquín por haberle abierto las puertas de sus camas y por haber generado una creación poética de su parte lo que deja claro que también marcaron su corazón. En el show esto se ve claro cuando Jaime Asúa, guitarrista de la gira, se encarga de interpretar “El caso de la rubia platino”  inaugurando las canciones sexuales del CD que le dio nombre a este tour.

Se podría decir que el cantautor ha tenido una vida de rechazos tras rechazos. Quizá sea absolutamente lo contrario o el amor no visita su puerta más que en forma de relación de una o dos noches. Uno de los momentos más graciosos y en el cual la mayoría de los presentes se sienten identificados es cuando Sabina interpreta “Pero qué hermosas eran…”, relato de tres mujeres que se relacionaron con Joaquín y que el simplemente les pedía que lo quisieran. Tristemente, una lo dejó sin la receta del gazpacho, otra le fue infiel y a la tercera fue él quien decidió dejarla.

Si bien es cierto que la gira se debe a los 15 años que cumple uno de los CDs más reconocidos del poeta, “19 dias y 500 noches”, en su show Sabina deja conforme al público de siempre con canciones populares como “Contigo”, “Y sin embargo”, “Con la frente marchita”, “Más de cien mentiras” y “Princesa”, entre otras. El recital cuenta con momentos emocionalmente fuertes como cuando un farol tanguero aparece en el escenario iluminando a una mujer y Joaquín comienza a entonar la incomparable poesía de “Una canción para la Magdalena”.

Entre lágrimas, sonrisas, frases aludiendo a su actual situación amorosa y palabras dulces hacia los músicos que lo acompañan en el escenario hay, expuestos en una enorme pantalla detrás de Joaquín, labios rojos, mujeres voluptuosas, melenas rubias o morenas, ojos grandes y delineados, piernas largas, poses sexuales enroscadas como sogas, escritos inentendibles entre pieles que se acarician y reflejos poéticos desde un pincel y no ya desde la pluma sabinosa.

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Uno de los momentos más sensuales de la noche es cuando la interprete israelí Mara Barros lleva adelante “La canción de las noches perdidas” dejando a más de uno con ganas de que cambie esas estrofas “por un rato en su cama”. Otro de los instantes en que el protagonista no es Sabina es cuando desde los teclados con una fuerte melancolía y un juego de luces tenues, Antonio Gª de Diego canta “Tan joven y tan viejo” solo contando con Joaquín en la última estrofa del reconocido tema musical.

El recital es un repaso por el CD en el que Joaquín se toma el 86 desde González Catán hasta la Boca para luego volverse detective y perseguir a una rubia que, por mas que no lo parezca, es toda una dama que lo conquistó. Pasando más tarde por el despertar luego de una noche de alcohol en la que no se recuerda nada excepto que algunos amores solo pueden reencontrarsedonde habita el olvido”. Subrayando el amor por la generosidad pasional de la más señora de todas las putas para saludar a Chavela Vargas y decirle, finalmente, “ojalá que volvamos a vernos”.

Sabina demuestra una vez más, desde una de las ciudades sobre las que más ha escrito, que ama lo que hace, que quizá solo se retire el día que le prohíban pisar su Buenos Aires querido, que la verdad con las mujeres es la prueba y error constante, que físicamente todas tienen diferencias y similitudes pero los corazones cinco estrellas son únicos y son ellos los que logran que la primavera dure un segundo y que tal vez, algún día, Joaquín logre escribir la canción más hermosa del mundo.

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