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Por Marlina Roh | Argentina

Hace tiempo que conozco este concepto, pero fue hasta hace poco que una naturaleza distinta de esta noción me atrapó en sus garras para dejarme vestigios de identidad, fue cuando conocí un espacio en Facebook haciéndole referencia: Es de hippie con osde

La identificación fue instantánea, si bien no hice todas las cosas planteadas como máximas, hay muchas que las tengo como un gran plan a futuro (mezclarme con monos en Tailandia), algunas otras las hice pocas veces pero no por falta de deseo, sino por falta de tiempo, dinero, energía, etc.

Al principio costó hacerme cargo, porque en líneas generales el concepto de ser un “hippie con Osde” habla de una contradicción, hace alusión al conocido “careta” y llevándolo a un extremo relata también una hipocresía.

La verdad ir a juntar choclos a Nueva Zelanda (cosa que jamás haría jugando de local, lo admito) fue una experiencia muy reveladora. Escuchar Onda vaga en el Konex me parece un planazo (hace mucho no voy) y no tomo mate en plaza Las Heras pero adoro ese lugar, paso por allí por lo menos una vez al día con aires de creerme que es mi momento de conectar con el verde, ¿para qué mentirles?
Eso sí, no tengo Osde, pero ese es un detalle menor…

En fin, no pude con mi genio y esa tendencia que tenemos todos de necesitar redimirnos  cuando sentimos parte de nuestra identidad amenazada, aunque eso no me exime de ser “careta”, en algún punto la contradicción es tan inherente a la raza como la falta de capacidad de admitirlo. Así que me sumergí en un análisis sobre el origen de este nuevo paradigma y esta es una humilde opinión al respecto:

En nuestra generación hay una gran mayoría entre quienes nos tocó nacer y crecer en el sistema convencional (de educación gradual y trabajos asalariados) que quedamos un tanto cautivos a seguir una o dos alternativas que no son muy convincentes como estilo de vida, y pareciera ser que nuestra capacidad de cuestionamiento es más rápida que la de acción, con lo cual, muy lejos de poder revolucionarnos, creo que hemos ido generando espacios de cultura y bosquejos frescos de modos de vida en donde podemos sentirnos un poco distintos y desapegados a esta carga que nos regala el sistema.

Es verdad que este tipo de cambio lo suelen iniciar unos pocos hasta que se vuelve moda, y si bien no todos los que consumen estos espacios culturales son rebeldes con causa, es válido que de a poco sean más lo que se impregnen de deseos de naturaleza, mundo, comida sana, conciencia ecológica,  transporte que no genere monóxido de carbono, y deseos de ahorrar un montón de dinero para irte a la Conchinchina y darte cuenta que el mundo es mucho más grande que el mayor de tus problemas.

Una transformación radical tiene que atravesar el fenómeno de la moda para convertirse en cultura ¿o no?. Y “chapeaux” si la moda nos invita a cambiar una hamburguesa de Mcdonald’s por hojas verdes con chía.

De todas maneras, #esdehippieconosde la radio está buenísima!

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