Maximiliano Reimondi | Argentina

“Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida” (Pitágoras)

Ser padre es maravilloso pero, a su vez, es un trabajo arduo y difícil. Se aprende día a día, se educa a los hijos con hábitos saludables que los formarán como buenas personas y para salir a enfrentar la vida.

Un error garrafal es no marcarle los límites y malcriar a los niños. Es crucial que enfrenten frustraciones para superar la adversidad y madurar. Deben ser educados con responsabilidad. Como padres debemos enseñarles respeto, honestidad, solidaridad y demás valores morales desde la infancia hasta su mayoría de edad.

Siempre tenemos que estar cerca de ellos. Eso nos permite estar pendiente de cómo se desarrollan emocional y físicamente. Así les brindamos seguridad. Si nos extralimitamos, llegaremos a asfixiarlos y anularlos como personas, llenándolos de inseguridad y desconfianza.

Las palabras que utilizamos son vitales cuando los retamos. Debemos ser comprensivos en todas las situaciones y analizar las cosas profundamente. Por ende, la comunicación tiene que ser constante y hay que saber escuchar. No mostrarse débiles y aplicar firmeza en las decisiones nos muestra con suficiente carácter y personalidad ante nuestros hijos.

La intolerancia y los prejuicios son nocivos. Hay que enseñarles a pensar y no juzgar por adelantado. Cuidar y velar por su seguridad es vital pero debemos permitirle cometer sus propios errores.

La paciencia es una virtud que debemos cultivar, empezando por nosotros mismos y enseñársela. Hay que establecer reglas para ayudar a mantener la armonía y el orden familiar. Todo padre debe ser consciente de la importancia de los límites en la vida de los hijos. Ellos deben obedecer por convicción.

La labor educativa del padre es cada vez más importante. El hijo es una persona que necesita ser querida, respetada, elogiada y admirada; necesita que se preocupen por él. Los derechos y deberes de los padres, los intereses compartidos y otros aspectos han ido cambiando notoriamente.

El mayor desafío del padre es criar personas de bien, generosas, disciplinadas, con sentido crítico, logrando que el proceso se realice en balance entre exigencia y cariño. La falta de tiempo es una de las excusas que surgen a la hora de los malos entendidos entre padres e hijos.

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