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Por Mauricio Delgado | Argentina

Fuiste la primera palabra y el último sentido, dicen que tu amor es incondicional pero sé que hubo más. Me cuidaste como agua en el desierto, me protegiste como lumbre en la noche. Me enseñaste a caminar para ahora poder correr y alejarme de tus retos iracundos que no son más que consejos del corazón.

Me dijiste eso no se dice, eso no se hace, pero nunca eso no se piensa.

Te sentís confundida tratando de moldearme pero dejándome ser yo, tan confundida como tratando de ser madre y mujer a la vez. Sabías que eras la única persona a la que no le contaba mis amores y logros, pero si mis penas y tristezas.

Fuiste el primer amor y a la última que dejaría de amar

Me habrás llevado 9 meses dentro, pero no se compara con toda la vida que te pienso llevar adentro mío. Que irónico, dije pienso. Si no fuese tan estúpido, capaz podría decir que pienso.

A veces el miedo te frena, otras la vergüenza. Pero aun peor es cuando la costumbre te vuelve adicto a la soledad. Al no levantar el teléfono y llamar. Al pensar que siempre todo estará bien.

Hoy te miro con tristeza pero te recuerdo con alegría. Entre flores y gente que te amó, ahí estas vos, tiesa y fría en un cajón.
Me inclino para darte el adiós con un beso, que curioso aun así se te dibuja una sonrisa, ahora lloro reprochándome mi orgullo de no haberte besado antes.

Vos, que estás leyendo lo que expreso a través de fríos cuadraditos de plástico y pixeles, sécate esa lágrima particularmente dulce, anda y besa a tu madre, aprovecha ahora que ella también puede besarte.

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