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Por Lionel Fabio | Argentina

Siendo un pilar fundamental en el intento, ligado al ejercicio de la libre voluntad, la posibilidad del fracaso resuena de forma ineludible. Conviviendo de forma permanente con esta posibilidad inevitable, movilizamos múltiples herramientas para ocultarla, luchando contra ella o ejerciendo control.

La relación que con ella establezcamos será siempre de carácter personal, basándose en la interpretación psicológica que de ella se tenga, pero es, a la luz de ese vinculo particular, donde nuestra existencia se verá intensamente condicionada. La espontánea respuesta que pones en marcha, el lugar en que, de forma casi imperceptible, posicionas ese error , tomará el lugar de consecuencia desde ese momento hasta que decidas revisar tu interpretación.

¿Has reinterpretado tus errores del pasado?

“La memoria y el orgullo estaban luchando. La memoria dijo: fue así y el orgullo dijo: no pudo haber sido así; y la memoria se dio por vencida.” (F. Nietzsche)

Siguiendo la linea de F. Nietzsche, podemos vislumbrar un hecho central que señala de forma indirecta que el contenido de nuestra memoria no es necesariamente coherente con los sucesos reales, sin embargo para nosotros funcionan como si lo fueran. La victoria del orgullo por sobre la memoria ejemplifica fundamentalmente la importancia que tiene para nosotros esos recuerdos que estamos dispuestos a modificar para mantener con vida nuestro ego sufriente. Es tan importante para nosotros porque lo que experimentamos en el presente estará teñido principalmente por esos recuerdos.

Estamos ligados a nuestras interpretaciones espontáneas de los sucesos que, de forma casi automática, toman el lugar de hechos, condicionandolo todo. Pareciera entonces, que ese momento especifico donde las cosas suceden, ese enfrentamiento con los hechos, puede ser mas determinante aún que los hechos mismos.

¿Que pasaría si pudieras cambiar tu percepción de los hechos antes de almacenarlo en la memoria?

No somos un simple reflejo objetivo de la realidad, tampoco cabemos en esa definición simplista de causa y efecto; ajustándonos al campo de la psicología, no somos simplemente un proceso de estimulo-respuesta. En medio de estas dos instancias, reelaboramos el estimulo, lo procesamos activa o pasivamente, dependiendo siempre del reconocimiento que tengamos sobre él.

Pensamos que las cosas son lo que creemos que son y olvidamos el hecho de que son porque les permitimos ser. Las cosas suceden, eso es incuestionable, pero el significado de lo que sucede, esa es nuestra responsabilidad. Somos sujetos que ubicamos sucesos dentro de un universo de sentido que, aunque este atravesado por el sentido común (introyección del mundo social) es potencialmente autónomo. Uno construyo o destruye esa autonomía basándose en la conciencia que posea sobre esa subjetividad.

La diferencia fundamental entre el hombre y el animal reside en esa capacidad natural de otorgarle sentido a las cosas; esta es su más profunda esencia.

Sin embargo, ¿en que medida nos sentimos parte de esa construcción de sentido?

La conciencia que tenemos sobre nuestra responsabilidad en la elaboración del significado de los sucesos varía en cada individuo, en cada cultura, en cada tiempo y en cada lugar. Hay culturas que cultivan esa conciencia, como la filosofía budista de oriente; hay corrientes que trabajan con los resultados de esa elaboración para empoderar a los individuos que ignoraron esa conciencia, como en el caso del psicoanálisis, tan difundido en occidente. Incluso la base del poder político se erige sobre ella, utilizando la construcción de sentido sobre los dominados que han cedido esa conciencia a un tercero que se la impone. La ignorancia y la inconsciencia de un grupo aumenta el poder político de su conductor.

Aun así, el concepto de libertad solo puede gestionarse genuinamente desde esta perspectiva. Somos parte de un entorno del cual dependemos, en mayor o menor medida, y no existe la posibilidad de conseguir una independencia absoluta; siempre estaremos condicionados por él. Sin embargo, en la esencia significativa que persiste en nosotros, en ese subjetivo potencialmente autónomo, ser los autores de esa narración es la expresión más acabada de libertad. Suceda lo que suceda en el mundo externo, podremos elegir que posición ocupará en nuestra existencia; que posición ocuparemos nosotros en torno a ella.(Victimas, victimarios, maestros, aprendices, ect.)

Una perspectiva de la maduración intelectual de los individuos explicaría ese camino de evolución en el cual, los sujetos, van independizándose de los significados que heredado de sus padres a través de la educación familiar, e independizándose de los significados que han heredado de la sociedad a través de la escolarización, para construir las bases de una significación propia, intrínseca a la creación de su propia identidad. La rebelión del adolecente frente a sus padres ejemplifica esta necesidad de tomar el lugar de autor respecto del significado de la vida.

La libertad e independencia de los individuos esta determinada por esta cuestión. Delegar esa libertad a terceros es una decisión que de vez en cuando debemos revisar ya que puede transformarse en una puerta cerrada que nos priva de una riqueza que no podremos reconocer.

Mira hacia atrás en tu historia, revisa su contenido, reconocete como su único autor y reescribe aquellos fragmentos inconclusos. Adueñate de ese relato y dejaras de intentar escribir paginas ajenas.

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