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Por Lorena Mendoza | España
“Y sin embargo cuando fue capaz de entender esa dulce blasfemia supo también que su cuerpo era su único y genuino portavoz.”
Cuerpo Docente. Mario Benedetti

En artículos anteriores vimos lo importante que es realizar una buena y amplia “ducha interna” para oxigenar nuestro organismo, haciendo que éste se vuelva más vigoroso y rejuvenecido. Ahora bien, para ello, necesitaremos también del compromiso del cuerpo entero.

Tenemos que ser conscientes de nuestro propio cuerpo y de su postura odo momento: al estar sentados, al caminar, al estar de pie, al agacharnos a recoger algo e incluso cuando estamos en el baño (es cierto: suena muy mindfulness, pero es una práctica que, como veremos más adelante, merece la pena por la cantidad de beneficios que obtendremos al hacerla).

Hoy en día, la columna vertebral es la gran “sufridora” de nuestro cuerpo. La padeciente.

Especialmente lo notaremos cuando estamos demasiado tiempo sentados (ya sea frente al pc, en una reunión, viajando en algún medio de transporte o viendo algún espectáculo), tendemos a llevar los hombros hacia adelante y hacia las orejas. Incluso cuando estamos de pie y miramos nuestro teléfono celular también nos encorvamos como hacía Gollum, protegiendo “su tesoro” entre las manos.

Una muy buena manera de prevenir y remediar las dolencias por malas posturas, es trasladar los conceptos de Pilates al realizar nuestras actividades cotidianas. Aquí, algunos consejos para proteger la espalda:

  • Mantén siempre la columna alargada: Estira tu cabeza como si un hilo te tirara de ella hacia el techo. Al mismo tiempo, debes sentir como tus glúteos se quedan “pegados” en el asiento (como si estuviesen atornillados). Inspiras y te alargas más.

 

  • Contrae bien el transverso abdominal: lleva el ombligo hacia la columna vertebral (como si te subieras el cierre de un pantalón muy ajustado). Lo debes hacer sobre todo al exhalar porque el diafragma sube y el transverso tiene más espacio para contraerse.

 

  • Mantén los hombros bajos. Visualiza que tus escápulas se derriten hacia tus caderas (las escápulas son esos huesos que se encuentran a cada lado de la columna, en la espalda, justo debajo de los hombros).
  • Proyecta levemente el pecho hacia adelante.

 

  • Al agacharte a recoger un peso, flexiona las piernas. Así, al levantarte, realizas la fuerza con las piernas y no fuerzas la zona lumbar de la columna. Al extender las piernas activa el suelo pélvico y el transverso abdominal (visualiza una faja desde el ombligo hasta la columna).

 

Comprométete con tu cuerpo. Para “sentirnos bien tratados” comencemos a cuidar esta “casa” que no nos abandona en toda la vida. Tu mente y tu espíritu te lo agradecerán.

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