Terminaba el secundario y todos los estudiantes se encontraban ante una decisión determinante: ¿Qué hacer luego?

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Por Bruno Pavone / Facebook  /  Twitter   / Youtube

Después la de la farsa jovial (los abrazos dados a personas detestables, el llanto más por miedo que por tristeza, la frase patética “qué no se corte”) empieza uno a extrañar, no el estudio, sino las trivialidades: las risas impertinentes, los amores frustrados, las  bromas idiotas que en el marco escolar tomaban aspecto de obras maestras del humor… Y luego, acechándote, la pregunta: ¿Qué hacer?

Muchos sucumbieron ante una decisión apresurada, chicos sin ninguna pasión que se adentraban en carreras más tortuosas que la misma escuela. Otros comenzaban a trabajar (con sus padres, haciendo hamburguesas, limpiando baños, etc.). Yo en cambio, junto a una pequeña minoría, elegimos el ocio.

Claro que no tardaron el lloverme recriminaciones del porque no hacia algo productivo y la verdad es que no lo sabía…

Y, tratando de no ser un inadaptado, escuché muchos relatos:

“El hombre nació para trabajar”

“El trabajo es salud”

“No hay nada más digno que ser un trabajador”

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¿Cómo creer que era digno trabajar catorce horas en una habitación frente a una computadora? ¿Cómo aceptar que nací para servirle a un monstro que no hace más que consumirme el tiempo?

La palabra vago no tardó en resonar en las gargantas de las personas de bien, entonces tuve que elegir y elegí ser un artista… la palabra vago sonó más fuerte que la primera vez.

– Tocar la guitarra no es algo productivo, pero no te amargues, puedes tomarlo como, no sé, como un pasatiempo –

Relato trillado.

Pero ¿cómo serían las cosas si tocar la guitarra en la plaza fuera mi trabajo y abogacía mi pasatiempo?

Acaso el ocio, tan inmoral, no es el que permite al poeta obrar en su poesía, al filósofo filosofar, al músico componer…

Tal vez el ocio sea la clave para un cambio universal, una ola de destapes pasionales.

Pero no, es el problema, no es productivo… ¿no es productivo ante quién? ¿Ante qué?

Ah, cierto, ante el sistema que nos subyuga.

Pero aún no pierdo las esperanzas, por eso llamo a todos los ociosos del país, para que levanten esta bandera sólo productiva para el espíritu.

Cuando logres esto, habrás dado un paso en un camino arduo del que ya nunca más podrás salir, pero se consiente que estarás más cerca de cambiar  el mundo o de al menos intentarlo.

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