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El presidente Barack Obama, en una disertación en la usina del arte. Foto: AFP / Juan Mabromata

Por Lionel Fabio | Argentina

Contexto Internacional en la visita del presidente norteamericano

Hace algunos años se plantea la perspectiva de una transición dentro del sistema internacional. La estructura mundial dominada por EEUU desde el final de la guerra fría ha atravesado una serie de cambios sustanciales que podrían reflejar una nueva distribución del poder mundial. Entre los que consideraron la preeminencia de un mundo unipolar estadounidense hasta aquellos que diversificaron la influencia en varios actores, nadie puede ignorar a norteamerica como la potencia más importante del sistema.

Sin embargo, política y militarmente, a partir del atentado de septiembre de 2001, el poderío estadounidense comenzó a disminuir. Desde el punto de vista económico, algunos analistas internacionales consideran la crisis de 2008 como un punto de quiebre de la hegemonía norteamericana. Incluso se habla de una transición de poder de occidente a oriente proyectando el crecimiento de China e India, entre otras potencias. No obstante, EEUU sigue siendo política, militar y económicamente la potencia mas importante del mundo enfrentando desafíos a lo largo de todo el mapa.

Una de las amenazas más importantes para el Status Quo vigente es el terrorismo internacional, que se ha encargado de sistematizar sus ataques contra la conformación de poder actual. La crisis de medio oriente se ha convertido en una problemática casi insoluble para la institución más influyente y representativa del mundo como lo es Naciones Unidas. Si bien las posiciones dentro del consejo de seguridad se han endurecido, la asamblea general aun insiste en preservar los derechos humanos en la intervención del conflicto.

La intervención en medio oriente de las potencias ha repercutido peligrosamente en sus propios territorios. Los atentados de París en noviembre de 2015, y anteriormente Charlie Hebdo, demuestran la vulnerabilidad de estos países para protegerse del terrorismo. Estos ataques autoadjudicados por el Estado Islámico son un ataque a la coalición internacional(encabezada por EEUU) que intenta erradicarlos, estableciendo abiertamente una guerra moderna entre estados y organizaciones.

Una de la causas de la dificultad para resolver el conflicto en Siria es la diversidad de posturas frente al mismo y las acciones contradictorias de las potencias. Medio oriente se ha convertido en un tablero de ajedrez internacional donde las potencias defienden estratégicamente sus intereses desde una perspectiva no consensuada.

Por un lado, EEUU, que además de oponerse al Estado Islámico, se opone a Bashar Al Asad, jefe de estado sirio, adjudicándole la responsabilidad de la inestabilidad política del territorio y en consecuencia, brindando apoyo militar a grupos opositores al gobierno.

Arabia Saudita comparte su visión; es parte de la coalición liderada por EEUU y se opone a Irán en un enfrentamiento entre su mayoría sunitas y los chiitas iranies. Turquía se encuentra en la misma posición pero bombardea a los Kurdos que son defendidos por EEUU.

En contrapartida, aunque Rusia se opone al Estado Islámico al igual que EEUU, se opone también a cualquier otros grupos rebeldes ya que es el principal aliado de Bashar al Asad, compartiendo esta posición con Irán.

Alemania, Reino Unido, Australia y Francia son otras de las potencias que forman parte de la coalición internacional encabezada por EEUU y de la cual forman parte 65 naciones más.

Vladimir Putin, presidente de Rusia, anuncio este lunes la retirada de las tropas rusas de Siria. Esta medida, acordada con su aliado Al Asad presume estimular las conversación de paz en el territorio pero es una decisión que muchos en la comunidad internacional no esperaban. La misión de Rusia en medio oriente se limito a defender la soberanía del presidente sirio recuperando zonas estratégicas en manos de grupos rebeldes y al ser un enclave fundamental para solucionar el conflicto, las expectativas occidentales no fueron correspondidas.

En este contexto, este martes ocurrió en Bruselas, Bélgica, otro atentado significativo que golpea fuertemente el corazón de Europa y que materializa los limitados logros alcanzados por las naciones respecto del terrorismo internacional. Bélgica se declaró en alerta máxima después de que tres explosiones, dos en el aeropuerto y una en el metro, que dejaron 31 muertos y 270 heridos en su capital. Los ataques tuvieron lugar justo cuatro días después del arresto de Salah Abdeslam, el principal fugitivo de los ataques que en noviembre dejaron 130 muertos en parís. El arresto llevado a cabo en territorio belga, se presume, es la causa del atentado.

Bélgica, además de su ubicación geográfica en Europa central es sede de las principales instituciones de la Unión Europea lo cual reviste un interés adicional en las motivaciones del Estado Islámico, mientras el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, expresó su confianza en que la respuesta de Bélgica y Europa sea “compromiso con los derechos humanos, la democracia y la coexistencia pacífica“.

A los pocos efectos y la poca influencia de la ONU para resolver este conflicto se le suma la incapacidad para persuadir a Corea del Norte en su programa de energía nuclear, que amenaza a EEUU y Corea del Sur, quienes realizan ejercicios militares conjuntos para contrarrestarlo.

No es casual que aquellos contrapuntos en los que tanto naciones unidas como EEUU encuentran conflictos de solución no pacífica estén representados por regímenes políticos no democráticos. Tanto la dictadura norcoreana de Pyongyang; la falta de representación mayoritaria del presidente Sirio Bashar Al Asad; y los roses con el autoritarismo de Vladmir Putin, reflejan el deseo norteamericano de defender un modelo político que pretende globalizado. Un modelo que se predica basado en la democracia, la libertad de expresión y la igualdad de derechos, atributos ausentes en los regímenes mencionados con anterioridad.

Los presidentes Barack Obama y Mauricio Macri, en el centro cultural Nestor Kirchner, junto a sus esposas. Foto: AFP / Juan Mabromata

La visita del presidente Barak Obama a Cuba reviste mucho de esa intención

El intercambio diplomático entre el levantamiento de un embargo actualmente poco significativo y la posibilidad de expresar la importancia de la democracia en la misma habana es una de las causas fundamentales de la apertura diplomática entre ambos países. La posibilidad de criticar ante el presidente Cubano la falta de representatividad y libertad de expresión de su gobierno y el estancamiento económico y político que le ha traído el socialismo es ponerle un cierre al periodo de guerra fría con una victoria ideológica consensuada.

Y de esto se trata un poco la visita de Obama en Argentina, sumar actores representativos del continente en un pronunciamiento por la democracia; recuperar las relaciones perdidas con su propio continente en un contexto internacional desafiante; aprovechar las conferencias de prensa binacionales como foro internacional y regional para repudiar el ataque terrorista de Bélgica, extendiendo sus alianzas contra Estado Islámico; y restablecer en el imaginario colectivo latinoamericano una imagen de EEUU que se encontraba degradada.

El encuentro entre jefes de estado, en este caso Barak Obama y Mauricio Marcri, es denominado diplomacia de cumbre y suprime las instancias diplomáticas intermedias, como los embajadores, con la intensión de manifestar un acercamiento más estrecho entre los lideres políticos de ambos estados.

La apertura política y económica Argentina en los primeros meses de gestión del presidente, la intención de pago a los holdouts en términos que podrían destrabar el juicio llevado a cabo bajo jurisprudencia norteamericana y la liberación del cepo al dolar son algunos de los tantos incentivos que fundamentan un acercamiento positivo entre ambos países.

Fotos cortesía de La Nación

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Los desplazados de hoy vienen de las guerras y de las politicas occidentales del ayer

Por Julián Delgadillo | Colombia

Las escenas corrientes actuales en la televisión muestran todos los días las imágenes de los desplazados de la guerra de Siria, Palestina, Afganistán, Paquistán, Yemen, Etiopia, Nigeria, Sudán, Somalia, Kenya o Libia, tratando de cruzar el mar Mediterráneo o en tierra, las fronteras de Serbia o Hungría, para llagar a Austria y a Alemania, en donde pretenden encontrar otra vida o rehacer su vida destrozada por la guerra. Vienen de las guerras contra el ISIS, el grupo de Al Qeda, el Hoko Haran o los Talibanes

Estas escenas se duplican en el caso de Colombia con los desplazados arrojados de Venezuela, su segunda patria, debido a las quejas del presidente Maduro sobre la presencia de mafias y paramilitares colombianos entregados al contrabando en las fronteras de los dos países en Cúcuta o Paraguachón, de donde han sido desplazadas familias enteras, sin ninguna consideración y sin ninguna actuación de la justicia venezolana, con el agravante de que a algunos, les han destruido sus casas, tal como obra Israel con los Palestinos, con la circunstancia de que en varios casos, han separado a algunas familias colombianas, dejando niños pequeños alejados de sus padres, tal como sucedió con familias coreanas que fueron destruidas y partidas con ocasión de la guerra entre las dos Coreas, China y USA, en 1950, cuando Mc Arthur amenazó a los Chinos. incluso con la bomba atómica.

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