Deporte, Recreación, Bienestar

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Por Melina Rigoni | Argentina

A lo largo de los años tuve la suerte de recorrer infinidad de natatorios. Primero como socia de distintos clubes, después durante el curso de guardavidas, el de buceo, y a partir de entonces, gracias a la costumbre de nadar  -al menos- una vez por semana.

Conocí piletas (piscinas) subterráneas, piletas ubicadas en el séptimo piso de un hermoso edificio Art Deco, piletas gigantes abastecidas por agua de pozo, piletas de consorcios, de clubes, de hoteles, de gimnasios.

Adoro ese momento único del primer chapuzón. La pileta es el único lugar donde no tengo frío en invierno ni calor en verano.

Me encanta atravesar el agua surcando la superficie y me gusta también nadar pegada al fondo probando qué distancia puedo recorrer con el aire almacenado en mis pulmones. Me divierte desplazarme por el fondo boca arriba, mirando a los nadadores que parecen flotar encima de mi cabeza. El agua es un lugar que desafía la gravedad, en ella todo se vuelve ligero, grácil, etéreo.

En cuanto a los beneficios de la natación, podemos enumerar los siguientes:

– Aporta una increíble resistencia cardiopulmonar.

– Estimula la circulación sanguínea.

-Ayuda a mantener una presión arterial estable.

-Reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

-Promueve el desarrollo de la mayor parte de grupos musculares.

-Fortalece los tejidos articulares previniendo posibles lesiones.

-Mejora la postura corporal.

-Desarrolla la flexibilidad.

-Alivia tensiones.

-Genera estados de ánimo positivos.

-Ayuda a mejorar estados de ansiedad y aliviar síntomas de depresión.

-Relaja la excesiva tonicidad muscular de la tarea diaria.

-Estimula el crecimiento y el desarrollo físico-psíquico.

-Mejora el desarrollo psicomotor.

-Facilita la eliminación de secreciones bronquiales.

-Favorece la autoestima.

La natación puede ser practicada de muchas formas diferentes y adaptarse a las necesidades individuales de cada persona. Ejemplos de esto son los cursos para bebés, para mujeres embarazadas o para personas mayores.
Por otra parte, existen otras variantes para disfrutar de la pileta: se pueden practicar deportes como el waterpolo, el hockey subacuático, o tomar clases de aquagym o de nado sincronizado.

La única contraindicación: el desarrollo de estas actividades puede ser un poco costoso ya que necesitamos asociarnos a algún sitio que disponga de la infraestructura adecuada y pagar además el precio de las clases. Para los habitantes de una ciudad que no tiene aguas abiertas a su alcance (o lo que es más triste, las tiene pero no las puede aprovechar debido a la contaminación) no hay otra opción; pero vale la pena gastar en algo así, sobre todo si lo encaramos como una inversión en salud y, fundamentalmente, como un espacio destinado al esparcimiento y el disfrute.

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