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 ARGENTINA

Camino hacia una mayor inclusión:

El Ministerio de Desarrollo social lanzó un plan de microcréditos para personas de bajos recursos y quieran emprender un negocio propio.

Muchas son las personas que, aún hoy, ven con dificultad la manera de subsistir día tras día. Pero otras tantas encuentran en el trabajo autogestivo una forma de salir adelante y acuden a los denominados microcréditos.

Esta política pública enmarcada dentro de la economía social, brinda pequeños préstamos para financiar emprendimientos individuales o asociativos, a aquellas personas más vulnerables de la sociedad, que no cuentan con los requisitos solicitados por los bancos y entidades financieras.

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El proyecto, puesto en marcha en Argentina a finales de 2002, fue impulsado por la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Alicia Kirchner y hasta la fecha cuenta con más de 159 mil microcréditos otorgados al 6% de interés anual, un porcentaje inexistente para la formalidad de los bancos de la economía concentrada por los grandes sectores de poder.

Los emprendedores que quieran recibir el préstamo, deben conformar grupos de cinco personas que quieran llevar adelante un mismo oficio. La palabra, que en estos tiempos está tan devaluada, adquiere en este marco de política pública una gran connotación.  Cada uno de los miembros del grupo es garante del otro constituyendo una especie de garantía solidaria, pudiendo así acceder al crédito e ir vigilando que, semana tras semana, se cumpla con la cuota a pagar.

El monto que ofrece el microcrédito va desde $500 a $1000, aumentando gradualmente a medida que se cumple con el pago. Este formato de gestión compartida y desarrollo de la economía social apunta a lograr mejores ingresos para los sectores populares y una economía basada en el trabajo, la solidaridad, el compromiso y la organización comunitaria.

“Nosotros rompimos con  la lógica de las políticas sociales compensatorias que traían los organismos internacionales, porque no consideramos a quien recibe un crédito o un beneficio como un beneficiario, para nosotros son sujetos de derecho. Estamos implementando políticas públicas para cumplir con los derechos del ciudadano”, precisó el coordinador de la Comisión Nacional de Microcrédito (CONAMI), Alberto Gandulfo.

El objetivo es propiciar la inclusión y reconocer el trabajo del emprendedor, del pequeño productor. Gandulfo se encargó de destacar el trabajo de las organizaciones sociales: “Aquellas organizaciones que le pusieron el pecho a la crisis en el 2001, al neoliberalismo, son las que tienen la posibilidad de organizar, de poder presentar y acompañar a estos productores”.

La forma de financiamiento se da a través del Ministerio de Desarrollo Social, que transfiere subsidios para la constitución de los bancos populares de la buena fe a organizaciones no gubernamentales (ONG), las que son denominadas  organizaciones administradoras. Estas ONG por su parte transfieren los fondos (para otorgar los microcréditos y para gastos operativos y de capacitación) a organizaciones ejecutoras, donde se inician y funcionan los bancos populares.

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Dentro del marco que establece la ley 26.117, de promoción nacional de microcrédito, sancionada en 2006, pueden inscribirse asociaciones civiles, fundaciones, cooperativas, sindicatos y organizaciones eclesiales y de base que realizan convenios con el Ministerio de Desarrollo Social.

Los fondos se reciben del estado, pero son las organizaciones sin fines de lucro las encargadas de otorgar este tipo de financiamiento, a las personas que cuentan con pocos recursos y quieren llevar adelante un proyecto laboral. Ellas trabajan en el territorio, de manera local,  profundizándose en el conocimiento de las problemáticas que atañen a cada barrio, a cada vecino. “Los créditos los entregan las organizaciones, no el estado, porque las organizaciones acceden al financiamiento de una manera de gestión novedosa. Eso es desarrollar una economía social y reforzar el trabajo local”, destacó Gandulfo.

La Fundación de Organización Comunitaria (FOC), ubicada en el partido de Lomas de Zamora, es una de las instituciones que desde el 2004 viene trabajando con la prestación de microcréditos. “Nosotros ya teníamos organización territorial y queríamos profundizarla, porque la clave no es sólo el microcrédito, sino que la clave es la herramienta; tenemos que empezar a mirar la economía social”, explicó el representante de la FOC Gabriel Giurliddo, quien trabaja hace años por este tipo de políticas.

Cada organización ejecutora, como lo es la FOC, debe conformar un equipo promotor que tendrá la tarea de capacitar y acompañar a los emprendedores en la formulación de sus respectivos proyectos verificando su sustentabilidad.

El promotor sigue de cerca a cada uno de los grupos a quienes se les ha facilitado el préstamo, lo acompaña y aconseja. Estos microemprendedores que forman parte de la economía informal, social y solidaria, ahora podrán contar con el beneficio de poder adquirir un monotributo social, con lo cual habrá que ver si esto se convierte en una manera de ingresar al sistema del mercado laboral formal. Para más información se puede acceder al sitio web: http://www.microcredito.org.ar/

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