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Por María Francia Fernández | Argentina

Los que me conocen, saben que vengo de un país con clima tropical, es mi tercer invierno acá, lo cual es muy incómodo para mí, especialmente por las mañanas, apenas despierto, siento el frío y me digo: cómo voy hacer con el resto de los días si apenas empieza, intentando alentarme con la frase: “Ni modo, hay que asumirlo”, tomando un café bien caliente, pensaba en la primavera, al mismo tiempo en las siguientes estaciones, y en las cosas que tienen para mostrarnos, comparándolas con la vida misma: así como ellas cambian nos recuerdan que también debemos hacerlo nosotros. Esos vientos de cambio que pueden venir como un huracán destrozándola, o como una suave brisa que acaricia tu cara, ese cambio es la única constante y que ocurre a su propia manera, en su propio tiempo adecuado.

Siempre tuve diferentes sentimientos y reacciones hacia los cambios, no entendía porque algunas cosas tenían que pasar, ya las experiencias me han mostrado que los cambios por si mismos no son difíciles, pasan con tanta naturalidad como una puesta del sol. Y es que nos quedamos en la rutina para crear una sensación de control y orden, los cambios pueden parecer una bendición o todo lo contrario, dependiendo de nuestros deseos, la misma lluvia bendecida por las flores, la reniegan los que desean un día soleado.

Una vez leí que uno mismo es su propio jardín, y que hacer de jardinera a través de las cuatro  estaciones revela otras lecciones del mundo natural: que las semillas solo se reproducen de su mismo tipo, que solo recoges lo que siembras, que cuando recoges la cosecha has de guardar algunas semillas para la siguiente plantación, que tienes que acabar con un ciclo para empezar otro.

Tal como las semillas y los ciclos, nuestra vida va de la misma manera, los ciclos de cambio van a suceder nos guste o no, y por lo tanto hay que aceptarlos, verás cómo cooperan para tu propia evolución, todas las cosas tienen  momentos favorables y otros no, las energías suben y bajan, pienso que un pensamiento paciente combinado con acción, te lleva de la mano a subirte a la energía de un ciclo en construcción y te hace esperar a la siguiente estación.

Disfruta cada estación de tu vida, prepara el terreno pacientemente, planta la semilla, haz el trabajo y recogerás abundantes frutos.

Acepta los buenos momentos y adversidades, ya que con suficiente rapidez, cada estación, cada día, cada momento pasa a la historia y su parecido exacto puede no ser visto nunca más.

Estoy aquí para compartir contigo a través de este escrito, sugerencias simples que hacen que la vida funcione mejor, pero no te puedo prometer verdades, eso tiene su propio momento para cada uno, pienso que los seres humanos somos como la cáscara de la nuez: si tratas de forzarla en el momento equivocado, es casi imposible, pero una vez que está madura, le das un golpe en el lugar adecuado y se abre con facilidad. La vida diaria es tu proceso de maduración, y un día alguien o algo aparecerá y te dará el golpe.

En todos los momentos y condiciones donde deseo tiempos simples y tranquilos que me ayude a aliviar la incomodidad y aporte nuevas perspectivas, recurro a esta frase: “Y esto también va a pasar”.

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