V

iernes a la tarde, el reloj marca casi las 18 horas, salgo de la oficina y empiezo a maquinar que será de mí en la hermosa noche que esta por caer. Claramente, en lo primero que pienso es en sexo para empezar con el pie derecho el fin de semana y como por supuesto soy un VARÓN, tengo que ver caer las primeras horas de la madrugada del sábado con una mujer entre mis sabanas, esto no se puede ni poner en tela de juicio.

Tomo el teléfono móvil y me comunico rápidamente con mi grupo de amigos, súper machos ellos también. Acordamos un lugar de reunión a eso de las 8 de la noche. Ya estando con ellos, tomamos unas cervezas y conversamos rápidamente acerca de lo que fue la semana, en cuanto a términos futbolísticos. Poco antes de las 11, decidimos llamar a nuestras “amigas”, quienes por supuesto están buenísimas; ellas, de forma extraña, nos dicen que tienen otro plan y entendemos en este momento, que debemos “hacer nuestra noche aparte”.

Pensamos rápidamente en algún lugar repleto de mujeres hermosas, pero mas allá de la calidad de la belleza de la mujer, pensamos en el grado de “facilidad” que ellas tengan para caer en nuestras redes; obviamente evitando caer en la prostitución porque somos tan galanes, que pagar por sexo no puede pasar por nuestras mentes.

pagar por sexo no puede pasar por nuestras mentes.

Con buena música, emprendemos camino en algún auto y llegamos al lugar donde pasaremos nuestra mágica noche. Rápidamente, de manera casi que mecánica, seleccionamos el trago que vamos a consumir y nos sentamos en la barra, para poder de esta forma tener una excelente perspectiva del lugar, fijando eso si nuestros ojos depredadores en las mesas donde solamente hay  mujeres o mejor llamadas por nosotros 4 “las víctimas”. Cuando están seleccionadas “las presas” por este grupo de sementales, decidimos al azar (y aun cuando no tenemos la aprobación de las mujeres, pero no importa, dado que sabemos que vendrá, pues somos unos auténticos seductores), a quién de nosotros nos va a tocar “la fea”.

Este momento es sumamente tenso, pero tan pronto lo superas y no eres el damnificado por la suerte o el destino, lo disfrutas de manera indescriptible, haciendo todo tipo de burlas al pobre que debe estar con la señorita menos agraciada.

Una vez sentados en la mesa de las 4 mujeres, empezamos a alardear de nuestra condición económica, nuestros prósperos futuros y de lo mucho que “sabemos” de todo tipo de temas. Ellas, no tienen mucha oportunidad de hablar, antes de que empiece a sonar esa música que tanto anhelábamos bailar. En la pista, nos dividimos y cada quien empieza a disfrutar de los primeros “placeres” de la noche, en brazos de la hermosa mujer.

Así, pasan las horas y cuando la fiesta está por terminar, emprendemos camino (individual o grupalmente) para tener el tan anhelado premio, que nos costó tiempo y dinero.

Solo hablamos de lo bueno que estuvo el acto sexual con cada una de las chicas y lo “enamoradas” que debieron quedar de cada uno de estos apuestos hombres.

Al otro día, por supuesto que el tema de conversación no es otro. Solo hablamos de lo bueno que estuvo el acto sexual con cada una de las chicas y lo “enamoradas” que debieron quedar de cada uno de estos apuestos hombres. Por supuesto que este proceso, se va a repetir muy probablemente esta misma noche o a más tardar en una semana. Esto valida nuestra gran capacidad de conquista y nos da un punto más en cuanto a virilidad.

Firmada por cualquier ESTÚPIDO que pasara los últimos años de su vida en total soledad.

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