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Por Fernanda Iturriaga | Argentina

Mientras más empezamos a investigar, en lo que creemos que sabemos, que entendemos y que confiamos, más empezaremos a ver, que probablemente, nos han mentido. Qué las Instituciones nos han mentido.

¿Qué te hace pensar que la Institución religiosa nunca lo hizo?

Si nos remontamos,  aproximadamente al año 3.000 AC, nos encontramos con Horus, el Dios del Sol de Egipto y una de sus deidades más antiguas . Él, era el sol antropomorfizado y su vida era una serie de mitos alegóricos relacionados con el movimiento del sol en el cielo. El sol, para aquel entonces, con sus cualidades de dar y cuidar la vida, fue personificado como Dios, conocido también con el nombre de: “La luz del mundo, “El Sol de Dios”, “El Salvador de la Raza Humana”.

Horus, entonces, “un mesías solar”,  nació un 25 de diciembre y fue hijo de la Diosa/Virgen “Isis”  y su nacimiento fue acompañado por una estrella del este. Contaba con 12 discípulos que viajaban con el haciendo milagros, como curar enfermos y caminar sobre el agua. Era conocido también con el nombre de “La verdad”, “La luz”, “Hijo elegido de Dios”, “Buen Pastor”, “Oveja de Dios”, entre otros. Horus, fue traicionado por uno de sus seguidores y luego fue crucificado, enterrado por tres días y resucitado. Estos atributos, siendo originales o no de esta deidad, parecían filtrarse a otras culturas del mundo. Otros Dioses, como Attis de Grecia (1200 AC), Mithra de Persia (1200 AC), Krishna de India (900 AC), tenían en general,  la misma estructura mitológica

Diferentes salvadores de todo el mundo, en distintas épocas coinciden con este relato

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Una historia, con similitudes obvias, si la comparamos con la llegada de Jesús: nacido de la Virgen María, anunciado por una Estrella del Este que lo acompañaban 12 discípulos y viajaban con él realizando milagros, como curar enfermos, caminar sobre el agua, levantar muertos; conocido además, como el “Hijo de Dios”, “La Luz del mundo”, “La Oveja de Dios” y que después de ser traicionado por uno de sus discípulos,  Judas, fue crucificado y luego de tres días resucitó y ascendió al cielo.

Tal mito tomó varias formas religiosas, fue entonces cuando esta tradición llegó hasta Roma en la forma del culto de Mithra y entró en las costumbres de los romanos. Cuando el cristianismo comenzó a difundirse, tuvo que venir a pactos con estas tradiciones muy arraigadas y en consecuencia, la Iglesia intentó, con éxito,”apoderarse” de la fiesta de la Navidad, proponiendo a Jesús como “auténtico sol divino” que nace de una virgen. Dicha fiesta, era una costumbre pagana, asociada al “solsticio invernal”, que gozó de gran importancia en todo el imperio Romano, acontecimiento que para las poblaciones antiguas fue visto cómo una renovación de la esperanza, una fiesta de la luz, una posibilidad de supervivencia, o bien de paganizar el cristianismo

“Parece difícil pensar así,  para los que hemos aceptado a la autoridad como verdad, en lugar de la verdad como autoridad” (Gerald Massey, Egiptólogo).

Si esta tradición sirve, al menos para unir una vez al año a las familias y celebrar, en buen ánimo que se sigan festejando, pero hagámoslo con conciencia, reflexión y  pensamiento crítico.
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