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En su aspecto físico, la imagen personal se refiere no a un estándar de belleza convencional, sino a “lo que se ve”. Se trata de la manera en la que nos presentamos, incluyendo nuestro aseo personal, el cuidado del cuerpo, incluso el corte de cabello o la ropa que vestimos. Todo habla de lo que somos a nivel persona: de la dedicación a la tarea de adecuación a la situación, y de la manera en la que queremos mostrarnos al cliente, al proveedor, al socio o a superiores.

Vestir soleras veraniegas al trabajo puede ser apropiado para una empresa afín, pero no lo será para una oficina formal. Por ello, debemos comprender que la imagen personal, en lo que respecta a la apariencia, deberá adecuarse a la situación, sin seguir estándares rígidos, sino en una casuística específica para cada escenario laboral, empresarial y social.

Si hemos desarrollado un producto y queremos comercializarlo, seguramente prestaremos buena atención al diseño de su envase, a su packaging de venta, y a sus contenidos. De igual modo, al presentarnos en un escenario laboral prestaremos atención a nuestro envase (cuidando del cuerpo y apariencia), al packaging (vistiendo adecuadamente, con prendas limpias y en buenas condiciones) y a los contenidos (nos referimos a todos los anexos físicos a la labor, como agenda, computador, tarjetas personales y de visita).

En lo abstracto nos referimos a lo no táctil, que también hace a nuestra imagen personal.

Son aquellas nociones que, de un modo no visual, siguen siendo visibles. Se trata del porte, confianza, el reflejo de las capacidades mediante el lenguaje y la conducta.

Volvamos al ejemplo del producto. Digamos que nuestro producto es una crema de manos con capacidades regenerativa. Ya hemos hablado del envase, del packaging y de tu etiqueta. Ahora hablamos del producto en sí: hemos pasado tiempo desarrollando un producto adecuado al mercado, con una elaboración cuidada y bien establecida, que busca su lugar, confiándose en las capacidades regenerativas.

En este ejemplo, el tiempo de desarrollo será el tiempo que hemos pasado y que pasamos aprendiendo nuevos conceptos y cultivándonos; y los ingredientes de creación serán las capacidades, aptitudes y actitudes. Seguramente los habrás comentado en la etiqueta (en el CV), pero también debes convidar tales nociones en tu conducta, y luego en la práctica (la crema es suave, brillante y vistosa y, al usarla, cumple con su promesa).

Así, la imagen personal se convierte en un concepto fácil de comprender, que puedes desarrollar y aplicar para tu desempeño laboral.

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