Por Rob Martínez

¿Cuándo dejamos de conversar? Esta pregunta llegó a mí al verme en una escena rutinaria de convivencia. En esta, noté como mis roommates y yo estábamos sentado en el living del departamento y cada uno entablaba una comunicación inerte a través de sus celulares inteligentes y notebooks en la misma área. Cada uno, sumergido entre los megas de la conexión wifi que cubre los 5 ambientes que habitamos.

Esto me hacía notar las inexpresiones individuales que sus rostros reflejaban. Entonces, me ha interesado conocer sobre este fenómeno que se ha convertido en el modus operandi de la generación X y Y. Ambas, son legiones de personas que han vivido la evolución de las comunicaciones, las decepciones editadas por la Iglesia e incluso los desastres del calentamiento global y la mutación de la política, cuando pasó de ser Poder, a un show. Entonces, me pregunto si estos factores dieron como resultado el desligue de ese hilo que mantenía las verdaderas comunicaciones a flor de piel, las tardes de caminatas para conversar, los cafés sociales donde ambos individuos eran protagonistas y cuando la función del emisor y receptor con mensaje que los unía eran toda una técnica que nos entretenía mucho más que los reality shows.

Esto es sin duda, lo que observo cuando trato de entender cómo una manzana mordida unicolor, una mora negra y su afamado pin y las cientos de marcas que tratan de enjaular las infinitas herramientas para estar “más comunicados”, nos alejan de lo que en un principio fue el leit motiv del crecimiento en las sociedades. Entonces, ¿es este el fin de los tiempos de la comunicación? O es solo una nueva generación que ha pasado de ser una letra (X y Y), a convertirnos en androides dependientes de los voltios de un cargador o la longitud del cable USB de nuestro “Smart”phone?

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