En literatura se llama diario personal o sencillamente diario a un subgénero que integra la biografía, más precisamente la autobiografía, y que consiste en la narración que lleva a cabo una personade las experiencias personales que va viviendo.

Los diarios personales, leídos desde una perspectiva objetivamente fuera del escritor, pueden estar repletos de reflexiones y son ricos, tanto en la literatura como en la filosofía. Existen diarios personales que poseen un límite estrecho con el ensayo.

Presento un fragmento de un diario personal, a modo de ensayo, titulado: “Fragmento de vida“.

“Si fuesen los días un poco más simples, si tan solo tengamos que vivir sin tener que preocuparnos en la dirección, o el destino de nuestras vidas. Sin tener que pensar en el porqué del amor, o del dolor. Sin siquiera sentir dolor. Sin siquiera tener esperanzas. Pero ¿Esperanzas de qué? No es un pecado esperar algo. No se debería decir que nos hace mal, si cada persona se construye su propio infierno y vive sus propias tragedias, se creen sus propias mentiras y se desmienten al despertar por la mañana.

Y hablando de todo un poco, aquella campanada, que por supuesto no estoy de ánimos para describir, se escucha en todas mis mañanas últimamente. Hablando de campanas, hablando de mañanas, el Sol, la Luna, la noche, otro día más. Es eso. Mi vida a veces es sólo otro día más. Muchas veces me preguntan qué sería si yo no pudiese pintar, o no supiese, o no me interesase en absoluto. Algunas veces contesté que no sería nada. Pero hoy, no puedo llevar mi existencia a tal extremo. Mi existencia, guiada por mis gustos o estilos de vida.

Quizás pintar sea la consecuencia de lo que soy  en verdad. Tal vez cada pintura o dibujo, en cada garabato en alguna servilleta sucia, se encuentra una pequeña ventanita. Resulta curioso; porque a veces hace calor y abro esa ventana, otros días tengo frío y nadie me visita (más que algún caracol despistado que pase  por el vidrio). En algunas ocasiones no distingo la lluvia, y olvido cerrarla. Cada gota de aquel cielo nublado que es la vida, se convierte en un diluvio y ahí, ¿sabés? Ahí es donde no quiero salir. Es posible que esa ventana algún día se cierre, y no la abra más. El mundo vería cómo dejaría de pintar, de soñar, de pensar, de sentir, de querer, de vivir. Entonces, habría muerto. Como estoy ahora, muerta.

Yo me pregunto para qué sirven las ventanas. ¿No sería mejor salir? ¿Queremos protegernos sólo de la lluvia o de algo más? Me pregunto si es por miedo que miramos desde el otro lado del vidrio. Pareciese que estamos esperando algo, que un avión en forma de ángel pase, sin darnos cuenta que es sólo un avión y que tontamente pidamos un deseo. Miedo que quizás el mundo se vaya si nos alejamos un poco, o cambie, o que siga igual. A perdernos de algo, quizás.

Por Constanza Tubio

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