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Image and video hosting by TinyPicxcálibur, el perro de la enfermera española contagiada de ébola, finalmente fue sacrificado.  Ni el hecho de que no se supiera a ciencia cierta si el animal padecía el virus, ni las campañas a favor de una cuarentena o aislamiento para el can pudieron impedir que las autoridades lo retiraran de su domicilio y lo mataran, aunque sus propios dueños habían pedido que no lo hicieran.  Excálibur fue sacrificado “por las dudas”.

Este caso puso sobre el tapete una larga discusión: la importancia que se le da a las mascotas y en qué casos puede ser excesiva.  De esta manera, algunos periodistas cuestionaban la sensibilidad de mucha gente ante la situación del perro, mientras que imágenes de gente en África padeciendo y muriendo por ese virus no generaban la misma reacción.

África, desafortunadamente, suma hoy día a sus varias carencias el problema del ébola

Ante esa apreciación, irrefutable desde el punto de vista humano, hay varios argumentos, no obstante, que salen a la luz.  África, desafortunadamente, suma hoy día a sus varias carencias el problema del ébola.  Situación desgraciada, imágenes tristísimas para los que las vemos de lejos, dolor infinito para los que están inmersos en el problema porque lo padecen ellos mismos o sus allegados.

El pobre Excálibur (en este caso en particular) nada tuvo que ver con la insensibilidad del mundo ante la catástrofe ajena.  Sabemos que el sufrimiento africano no se limita al ébola: la extrema pobreza, la falta de educación, de sanidad, de medios, y  la hambruna presente en varios países de ese continente es histórica y, si bien que lo sea no le quita gravedad al asunto en absoluto, para los que estamos del otro lado, hace que nos conmueva cuando la percibimos a través de los medios de comunicación o porque por algún motivo nos aproximamos al tema, pero si no, es algo que está lejano y, por ser histórico, forma parte del panorama mundial que conocemos, lo que nos anestesia la sensibilidad.

algunos se sienten indignados al ver la reacción de una parte de la población ante la muerte del perro

Sin embargo, aunque habitualmente parecen problemas alejados a nuestra cotidianeidad, al ébola lo estamos viendo cada vez más cerca, quizás por eso ahora empieza a preocuparnos y vemos con compasión infrecuente a quienes están en África padeciéndolo.  Tal vez por eso algunos se sienten indignados al ver la reacción de una parte de la población ante la muerte del perro, frente a la desgracia africana.

Es llamativo que siempre se termine comparando la importancia del humano con la del animal, como si fueran antagónicas e incompatibles.  El perro de la enfermera fue simplemente una víctima, no el culpable de que un grupo de personas se solidarizara con él, por verlo indefenso y sin posibilidad de entender la situación o poder pelear por su vida.  Eso no implica tampoco que a ese grupo le sea indiferente la situación de la gente que padece el virus en África, pero quizás no ven la forma de hacer algo al respecto, pero sí vieron la posibilidad de hacer algo por lo que tenían más cerca.

Me pregunto qué habrán hecho por los africanos aquellos que criticaban a los que se movilizaron por Excálibur. Quizás nada.  Frecuentemente, hay quienes ven con malos ojos a los que ayudan a una sociedad protectora de animales y les aconsejan que mejor destinen la ayuda a algún orfanato; o critican a quienes gastan dinero en consentir a sus mascotas en vez de donarlo a alguna institución, pero si se les pregunta a estos críticos qué hacen ellos mismos, no solo no ayudan a protectoras de animales (va contra sus principios) sino que frecuentemente tampoco hacen nada por esas instituciones humanas que ellos quisieran ver favorecidas.

Excálibur, lamentablemente, no está más,

pero nos dejó a todos pensando…

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