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Por María Francia Fernández | Argentina

El amor, ese misterio insondable, esa magia inexplicable que se cruza en el único momento posible entre dos personas para así, hacer una historia.

Definitivamente estoy convencida que el amor “si es duradero”, hoy día cada vez mas parejas se separan al primer desacuerdo, responden por medio de impulsos, como si no se tomaran el tiempo de sentir y reconocer que existe una unión, que en principio se eligió libremente y la mayoría de las veces tocados por la pasión.

Bien sabemos que en toda relación hay períodos de mayor o menor intensidad, no es el mismo sentimiento al principio, al medio o al final de ella, al pasar del tiempo ese amor es diferente, no es que se acaba el amor, es solo que cambia de forma, evoluciona y madura, muchas veces caemos en demandas cómo: es que no eres el mismo como cuando empezamos, no me tratas igual que antes, etc, no pretendo desestimar tales afirmaciones, sino que lo que domina al principio es la exaltación de estar juntos, y eso que sucedía va perdiendo protagonismo después de inevitables desilusiones, que desde mi punto de vista, necesarias para reajustar y redescubrir a esa persona amada bajo un nuevo rostro en una nueva realidad, esa nueva manera de amar permite posibilidades para construir nuevos vínculos logrando perdurar en el tiempo.

Es inevitable, no hay parejas sin crisis, porque así como el dolor es inherente al ser humano, las crisis son inherentes a la pareja misma, donde el problema no es evitarlas, sino aprender a superarlas para luego encontrarse tranquilos hacia horizontes mas serenos.

Pienso que para que el amor tenga un largo vivir, es necesario la atención y el tiempo que merece, así como varios aspectos que considero serían los pilares de toda relación:

1) El entendimiento sexual: si éste no es feliz, la unión se desequilibra, me atrevería a decir que se deshace, no con esto una pareja debilitada por un problema sexual se rompa necesariamente, solo quiero señalar cuánto cuenta la satisfacción para el equilibrio psíquico de cada uno, porque largos períodos de silencio sexual son siniestros, no exagero nada, porque ese entendimiento al que me refiero sería débil si no existe una sujeción sexual, o si se quiere, una dependencia sexual hacia nuestro compañero, aprovecho para promover esto último como única dependencia dentro de una relación.

2) Admiración recíproca: aunque nuestra pareja tenga la más insignificante de las virtudes, esta tiene que ser objeto de admiración, que sea el mejor, poco importa en qué área: la mejor bailarina, el que mejor prepara el pollo asado, el más generoso, el mejor padre, la más atenta de las mujeres, que se yo, !Que ese amado sea, él o la mejor! .

3) Los rituales de la vida en común: esa fuerza que alimenta la llama del amor, esos gestos cotidianos invariables -siempre los mismos- independientemente del estado de ánimo que tengamos, si estamos enojados, tristes, o alegres: ese beso al despertar, compartir mate o café al llegar de trabajar, una película o documental juntos, etc, asi quedaremos atados al margen invisible de la vida de a dos, la repetición de los rituales, la construcción de vínculos domina esa naturaleza caprichosa de los sentimientos.

Quisiera agregar que una unión verdadera, exige que cada uno intente preservar espacios de independencia y los respete en el otro, recordemos que no podemos invadir terrenos que no nos pertenecen porque no somos dueños de nadie.

“Ese ser que procura la más embriagante sensación de vida y a quien se insufla la misma exaltación, será la persona que hará surgir en nosotros, lo mejor de nosotros mismos”.

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