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Por Fernando Godoy
La popular y conocida frase ”trabajamos para vivir” debe ser objeto de profunda e integral reflexión por cada individuo habitante de una sociedad por demás consumista y estructurada en un sistema de riquezas que penetran en nuestra manera de vivir inconscientemente.

El materialismo excesivo y la acumulación innecesaria de bienes, irrelevantes ante la verdadera belleza de la vida, que la historia, a veces vía educación, los medios de comunicación de la información y hasta nuestra propia familia, nos han impuesto y que, probablemente sin ser atentos en este sentido, hemos aceptado como algo natural del mundo humano debe ser enterrado y sepultado bajo las fuerzas criticas del pensamiento.

Es momento de desnudarnos de una verdad constituida y preguntarnos: ¿soy feliz realmente? ¿y de hecho, que es la felicidad? ¿estoy aprovechando al máximo el milagro de estar vivo? ¿soy yo mismo quien tomo las decisiones? ¿estaré siguiendo mandatos que surgieron de cualquier parte menos dentro de mí? ¿acaso las masas, la sociedad o el sistema de vivencia creada determinarán mi manera de ver, de pensar, de gustar, de actuar?

Cuestionamientos tantos que asustan, nos parece perder la dirección, nos encontramos aturdidos por poner en movimiento y duda esa inmensa estructura de conocimientos adquiridos. Un título profesional, un mejor trabajo donde ganar más dinero, reconocimientos de categoría dentro de una labor ya no son factores con el poder para guiar nuestra conducta. La inmaterialidad con la que ahora vemos la vida y sus andares despierta en nosotros una suerte de valoración temporal y de belleza por la simpleza más sutil. Los bienes verdaderos en cualquier sociedad deben ser la alegría, la felicidad, los valores humanos y hacía ellos vamos a dirigirnos, esquivando toda tentación de pensamiento inculcado por un sistema de capital y consumo que crean una idea de felicidad egoísta y solitaria.

¡Es momento de encontrar el equilibrio del corazón y la mente y proceder a dar un salto de fé hacía el abismo de nuestros sueños y convicciones, carentes de temores y falsos ideales! ¡es hora de hallar una manera propia de vivir la vida cuya autenticidad transmita a las demás personas la verdadera riqueza de la libertad total!

El camino se hace al andar se dice por ahí,
De cualquier manera así lo creo yo,
Así que mis huellas marcaran un destino,
Y estoy convencido de que es el ideal para mí.
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