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Por Alexis Cifuentes | Barcenola

Como siempre en una madrugada de domingo, caminando junto al variado grupo de zombis nocturnos, me encontré apoyando la espalda en la muralla del Telepizza, ese que esta en plena Plaza Italia, cerca de la estación Baquedano, linea 5, por si alguna vez a un lector se le ocurre curiosidad la realidad sobre mis crónicas por si mismo.

Los zombis eran diferentes grupitos; desde los pelolais jai con camisetitas a cuadrille con graduaciones de colores de rojo. El grupo de colas alegres, gritonas, que se hacían las yeguas recién salidas del Fausto, hasta las ratas cochinas de ciudad, esas que no se lavan el pelo, usan chaquetas de cuero y tienen camisetas de bandas de nombre ilegible, visten de negro y están llenos de tatuajes horribles. Yo, era un extraño híbrido de los tres. Pero eso no va al cuento.

Pero en aquel punto nocturno de la capital, se reúnen también lo muy famosos flaites o cumas chilensis, conocidos por su extraña forma de hablar y de agitar los brazos como si fueran una garza, de usar ropa deportiva cuando con cuea se mueven pá encender un pito y tener la desagradable costumbre de usar sus modernos teléfonos móviles para escuchar reggetón a todo volumen, empequeñecer de cerebros hecho música.

En esta variada fauna, estaba una conocida mujer camión. No, no, no es un Transformes. Es simplemente una chica lesbiana de unos dieciocho años, de pelo corto, jockey hacia atrás de color azul, pantalones apretados y una camisa sin mangas que muestra sus poderosos brazos musculosos.

Son algo amenazadoras, la verdad

Yo macheteo un cigarro, esperando a encontrar a mi grupo de amigoxs yegua que aún no se dignan a aparecer, ya que entre tanta multitud ebria y gritona, los perdí. Pero pasar por el Telpizza, es una obligación; no solo a buscar comida para el bajón madrugador, si no que también para tomar los buses que llevan directo a casa.

Uno de los flaites se pone a mi lado. Me mira y me pregunta si tengo un cigarro.
– No hermano, lo machetié-digo yo, evocando su dialecto.
– Oh, cacha esos dos locos. Parecen maricones. Si se dan un beso, les pego-me dice, mirando con estupefacción a las dos camionas que se estaban abrazando.

Le iba a preguntar si se daba cuenta de que eran verdad eran dos mujeres. Y que en este sector de la capital, a solo medio kilómetro estaban por los menos diez discotecas gays under de la ciudad. Yo, venia de una.

No dije nada, simplemente, me encogí de hombros. Las dos camionas se dan un beso.
-!SHIAAA LOCO, LOREA!
El flaite con toda su galantería arpona, va caminado hacia las chicas y empieza a lanzar un rosario de insultos a las chicas, tratándolas como hombres. La camiona anteriormente descrita, le pide a su novia o amiga o lo que sea, que le tenga la chaqueta. La otra obedece.
-¿Qué hueá te pasa conchetumare?

Es ahí cuando el flaite homofobico se da cuenta de que es una chica. Pero es tarde, ya que el puño le impacta de manera directa a su rostro. Cae de espalda. Le sangra la nariz y un desfile de colas, punkis y pelo lais se largan a reír, aplaudiendo la acción.

Su otro amigo le va a ayudar. Se van avergonzados.

Yo sigo esperando a mis amigos, sin poder evitar la risa. Todas las noches en el Bellavista pasa algo.

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