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Por Nicolás Miquel | Argentina

Cada vez que nos disponemos a viajar pensamos en un millón de cosas, proyectamos a futuro lo que vamos a hacer, donde visitar, que cosas llevar, que preparar y como acomodar las valijas entre otras cosas pero en lo que menos pensamos es en que nos puede llegar a suceder en la entrada o salida de un país a otro país vecino.

Creo que más de uno se siente identificado con lo que empezaré a escribir ahora y también más de uno habrá sufrido las consecuencias de no informarse antes de tiempo.

Demás esta decir que siempre debemos contar con el pasaporte al día ya que sin él no podemos despegar de nuestro punto de partida, el otro punto también  interesante es la visa. Siempre hay que averiguar previamente que países necesitan el visado antes del ingreso, y por ultimo, y aquí la cuestión a la que deseo ahondar, son las restricciones con las que cuenta cada país a la hora de su ingreso. Las temibles aduanas. Lugar de caos para muchos, principalmente para los que realizan viajes de compras a fines de verse favorecidos con los cambios monetarios entre un país y otro.

Quiero contarles una anécdota de mi último viaje que me llevó a escribir esto.  Llegando al paso fronterizo con Chile uno de los conductores de los buses nos entrega una Declaración Jurada a rellenar.

En la misma se detallaba una serie de cosas que abarcaban desde monedas hasta productos de origen agrícola/ganadero. Dio la casualidad que precisamente todo lo que estaba restringido era lo que yo transportaba. El quilo de manzanas que había comprado en Mendoza, los salames y quesos de Colonia Caroya que llevaba para mi amiga incluso los yogures bebibles que suelo traer en cada viaje en la mochila.

Me agarró una gran pena ver todos mis productos varados en la frontera y sin darle mucha importancia a lo perdido continué mi camino.

Al regreso ya estaba prevenido y me contuve de traer muchos objetos y suvenires que tenia en mente. Esta vez, a la vuelta,  no fue a mí a quien le toco la inspección sino a otra persona. Un sujeto de mi misma edad que portaba un IPhone que superaba el monto especulado en la declaración.

Al ver los envoltorios de dicho artefacto tecnológico, el inspector de aduana  apuntó con el dedo índice al joven  y lo llamó para que abra la chaqueta y el bolso que llevaba consigo.

Lo llevaron a una oficina en vidriada. Desde afuera podíamos ver como lo demoraban y realizaban todas las averiguaciones del modelo de celular y su valor a través de internet.

Tras ser demorado, y haciendo demorar a toda la tripulación, impacientemente el chofer arranco el bus rumbo a la provincia de Mendoza dejando al joven en manos de la aduana y bajo la fría noche en el Paso Fronterizo del Libertador.

De allí en más fui consciente que allí podría estar yo si compraba y traía el plasma de 50 pulgadas y la Mac muy tentadora por su precio.

Moraleja: siempre es bueno estar informado de los requisitos aduaneros antes de partir al extranjero.

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