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Por Alejandro Ciliberti | Argentina

Actualmente, la gran disponibilidad de smartphones y empresas que proveen servicios de internet y mensajería hacen que el estar conectado las 24 hs sea un horizonte fácil de alcanzar.  Se venden celulares con descuento, planes con ofertas que bonifican mensajes, llamadas y datos para conectarse a internet a precios de oferta. Sitios web como Facebook, Twitter, Youtube y Tumblr actualizan su contenido constantemente. Siempre hay algo nuevo para leer, para ver, para comentar, para dar “me gusta”. Nunca ha sido tan fácil recibir información y acceder a contenidos.

Las redes sociales son los sitios web que, sin lugar a dudas, han ganado más predominancia en los últimos tiempos. Con la gran gama de posibilidades que ofrecen, se han convertido en verdaderos mundos virtuales en sí mismos.  Hoy en día no es extraño que los usuarios suban fotos y videos, escriban comentarios y compartan parte de su vida en tiempo real a través de estos sitios. Como tal, se ha hecho común que las personas pasen gran parte de su día en ellas.

No hay duda que  las redes sociales son una gran herramienta de la que se puede obtener muchos beneficios: mantener contacto con amigos, compartir ideas, promocionar la propia actividad profesional, etc. La gran cantidad de posibilidades que ofrecen las redes sociales contribuyen a que las personas desarrollen “vidas online”. El problema se presenta cuando ésta comienza a invadir las otras esferas vitales de la persona que  pasan por estar desconectado: la pareja, los amigos, el trabajo, las actividades de ocio, entre otras. Cada vez se escuchan más comentarios respecto a personas que parecen no poder desprenderse de los diferentes dispositivos que los mantienen conectados: revisan los mails mientras cenan con su pareja, chequean Facebook mientras se reúnen con sus amistades, revisan y comentan publicaciones hasta altas horas de la noche, llevando a tiempos de sueño reducidos.

Las nuevas tecnologías avanzan a pasos agigantados, y pocas más velozmente que la de la comunicación. Por lo tanto, vale la pena preguntarse ¿cuánto tiempo me insume mi “vida online”? ¿Cómo me afecta a mí y a los que me rodean? Una señal de alarma clara es cuando experimentamos un fuerte malestar cuando no podemos acceder al mundo online, sea por la razón que sea. Si no poder conectarnos nos genera un alto nivel de ansiedad, frustración o enojo, al punto que nuestra forma de actuar cambia (nos volvemos excesivamente irascibles, temerosos y recluidos), o si experimentamos una sensación de  “no poder parar” a pesar de una decisión consciente de hacerlo o de los efectos negativos en alguna área de nuestra vida, es un buen momento para realizar una consulta con un especialista.

Queda claro que lo anterior se refiere a casos extremos. Muchos no llegan a ese punto, aunque cada vez más en la consulta se escuchan quejas respecto a cómo el tiempo online desgasta la salud y las relaciones interpersonales. Una buena forma de limitar la influencia de la “vida online” es poner una hora tope, pasada la cual las notificaciones, los mails, los “updates” de las redes sociales se dejan para revisar el día siguiente. Los celulares ofrecen herramientas para esto: permiten deshabilitar selectivamente los datos y el wifi sin inhibir la posibilidad de recibir llamadas. Esto es particularmente útil cuando se comparte tiempo con otras personas, quienes apreciarán tener nuestra atención y compañía. Para complementar, es recomendable apagar las Pcs, las notebooks y las tabletas pasadas esa hora límite. Por otro lado, es conveniente no descuidar todas las otras actividades que se pueden hacer desconectados: los deportes, los hobbies, o simplemente tener un tiempo de relajación, sin el constante bombardeo de información de la “vida online”. En conclusión, no sólo de internet vive el hombre.
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