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Por Mauricio Delgado | Argentina

Ya sé lo que piensas, que no debería estar escribiendo. Podrás llegar a decirme que ella no se merece estas letras, pero no sé si lo hago por ella o lo hago por mí. Hacía ya un tiempo que no pensaba en mí.

Parece algo tonto, pero pensaba que con ella fuimos uno solo, nos fundíamos en un beso. Sé que es físicamente imposible, pero lo importante fue intentarlo.

Creo que debo pasar este delirio a máquina, y así no se podrá notar el temblor de mi pulso, ni tampoco las lágrimas que embarran la hoja.
Lo miro y me río. Colgado de mi pared aún hay un marco sin foto. Y así se quedara, era un lugar que guardaba para ella, para mí. Lo tonto que uno se vuelve cuando deja que las decisiones las tome ese musculo que bombea sangre. Y que después el cerebro tiene que andar dando explicaciones sin sentidos.

Y ahora, acá me ves. Bailando sobre la línea que divide el amor del odio, es tan fina que no sé de qué lado estoy por momentos. Aun me quedan hábitos que trato de borrar. Canciones que no quiero escuchar, lugares que ya no pisare jamás. Como si eso me devolviera el pulso.
Creo que estando solo puedo aprender mucho. Pero una pregunta me retumba la cabeza, ¿Cuándo deje de escribirle interminables cartas que comparan sus labios con los pétalos de una flor o sus ojos con el sol?

Será a la misma ves que sus labios empezaron a sentirse como dos trozos de cerámica helada, carentes de vida, o cuando sus ojos, apagados y distantes, ya no miraban a los míos.

Alguien me dijo que sus ojos no brillaban de por sí, sino que era por que reflejaban mi enorme sonrisa al ver su rostro.

Hoy son tantas las cosas que veo mal de nuestra relación que no entiendo como no termino antes.

Ya no sé qué hacer. Ni el alcohol, las drogas o el sexo me completan. Ni mis amigos, el estudio o quien sea llena el espacio que dejaste en vacío dentro de mí. Miles de noches me pregunto si alguien lo llenara o me acostumbrare.

Otra noche que le hago el amor a su recuerdo y después culpable me pregunto. ¿Guardara mis cartas? Mis fotos tal vez o mis regalos. Al menos algún recuerdo que la haga sonreír. Aunque eso pase de que me sirve, si lo mejor sería que me olvide cuanto antes así más fácil me seria a mí dejarla en el pasado.

Creo que una radiografía mostraría que las mariposas que antes revoloteaban dentro de mí ahora son moscas que se alimentan de un corazón podrido. Quiero un sueño que me anime, una mentira que me complazca, un sol que me vuelva a dejar ciego.

Me despierto pensando cómo es su cara, y como no se parece a la que me acompaña esta mañana. Cuantos sueños enterré en la almohada, cuantas lagrimas guarda mi cama. Ya no recuerdo como besar sin amar, antes no lo imaginaba, pero hoy esto es un problema.

No sé si quiero entender los porque, o si de verdad necesitamos hablar, será que espero un capítulo más de este libro donde nos acariciamos las manos en un café al que nunca iré, ella me llore y me pida perdón mientras hacemos el amor en su habitación. Creo que sin guion esto no me puede suceder. Amarte y esperar no salir herido es como pedirle al fuego que ilumine pero que no queme.

Cada renglón que escribo reviso el celular a ver si no me manda un grito de amor. Aun sabiendo que nada me espera en esa pantallita que fue cómplice de miles de frases de pasión, la miro igual. Lo raro es que espero algo que me haga reaccionar a mí. Si yo ya sé que de mil y una maneras puedo ser feliz, para que seguir atormentándome si yo no estoy entre las mil y una de ella.

A fin de cuenta es única, tengo que admitirlo. Menos mal, ¿no? Por desgracia para vos yo también lo soy, puede que encuentres alguien que te de más de lo que te di, o de lo que soy capaz de darte, pero nadie lo mismo que yo estaba dispuesto a entregarte. Ninguno de los próximos te va a poder dar MI vida.

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